
“He aquí el material para todos los excesos”. Esto viene desde Sideways (Entre copas), esa hermosa película estadounidense sobre el descubrimiento del Pinot noir en la que uno de los actores bebe el ilustrísimo Cheval-Blanc en un vaso de plástico, a las colecciones extremadamente costosas de las “crueles” copas destinadas a los profesionales, que deben buscar el más mínimo sabor en un vino.
Como en todos los campos, la verdadera medida está en medio.
La copa tiene una importancia primordial e incontestable. Debe desempeñar varias funciones que se pueden enumerar de la siguiente manera:
• Resaltar los matices, los colores y los reflejos del vino.
• Permitir una hermosa curación, oxigenación del terruño, el cual necesita ese contacto con el aire para expresar sus más delicados aromas.
• Favorecer el desarrollo de toda la gama aromática.
• Llevar el vino con delicadeza al paladar del consumidor.
Estas tareas requieren una copa de las que ciertas características son comunes para todos los grandes vinos.
Como podemos apreciar sobre esta foto que muestra una mesa de degustación del Grand Jury Européen (GJE), una buena copa debe tener:
• Una base suficientemente larga para asegurar la estabilidad de la copa.
• Un pie elegante y delgado que permita mantenerse correctamente en la mano (tres dedos son suficientes: no tiene caso asir el pie con toda la mano).
• Un recipiente no muy grande pero siempre con una amplia curvatura que permita la expresión de los aromas.
• Un bouvant o apertura de la copa (la parte que toca los labios) muy delgado. Todo borde espeso disminuye realmente el placer de la degustación.
}Si para ciertos vinos, como los barolos jóvenes (de Piamonte, Italia), se necesitan copas grandes para contener, como límite, medio litro del líquido (naturalmente, nunca se sirve tanto vino en una copa). Para la mayoría de los vinos, la copa de la foto del GJE es perfecta, ya sea para vinos blancos, tintos y hasta champaña. ¡Siempre se olvida que los verdaderos champañas son primero vinos!
Los vinos de más edad, más delicados, y muchas veces con un desvanecimiento más rápido de sus aromas, no teniendo esa potencia de sus años más jóvenes, necesitan copas de tamaño mediano, y si los vinos de Borgoña están cómodos en una copa bombeada (ancha o combada) los demás terruños se catan perfectamente en copas estándar que se pueden ver sobre la foto del GJE.
Si no hay copas ideales o copas universales, la que más se acerca a esta idea es el modelo Authentis de la compañía Spiegelau. Esa copa tiene muchas ventajas:
• Existen en tres tamaños.
• Se puede lavar en lava trastes.
• Su precio es razonable.
• Permite un análisis homogéneo del vino, sin que los defectos eventuales del terruño dominen los aromas de las frutas.
Uno debe desconfiar de las copas que se dicen “profesionales”, son más instrumentos de trabajo que recipientes participando en una fiesta, una convivencia, una tarde de amigos donde se deben, ciertamente, respetar los grandes vinos, pero no pasar su tiempo buscando uno por uno sus defectos.
Finalmente, evitar las copas de fantasía, las copas de cristal coloreadas; son ciertamente hermosas, pero esconden, por desgracia, los bellos colores que ofrecen los grandes terruños.
Para los vinos generosos, los oportos, los madeiros, los jerez, las copas creadas en cada una de esas regiones productoras se adaptan perfectamente, ya que son el producto de largas reflexiones, estudios y prácticas locales.
Y nunca olvidar que un vino malo nunca se volverá bueno en una copa especial. Por el contrario, un buen vino, un gran terruño, puede volverse un “cualquiera” si lo degustamos en un recipiente inadecuado.
Recuerden los puntos fundamentales:
• Una base sólida y ancha.
• Un pie delgado y suficientemente largo para equilibrar el vaso.
• Un cáliz elegante, con diámetro ancho para la expresión del vino.
• Un bouvant delgado.
¡Buena decantación!
Fotografía Gran Jurado Europeo