
Uno de los grandes atractivos de la Ciudad de México, que la vuelve tan diferente de otros destinos menos urbanos, es la gran cantidad de edificios que la vigilan desde las alturas. Y es que, más allá de si son feos o bonitos, de 50 pisos o de 6, la verdad es que no puedes pararte en ningún punto de la ciudad sin ver alguno.
¿Y qué tienen que ver los altos edificios con la gastronomía? La verdad, mucho, pues esta altura ha dado origen a una de las principales tendencias del siglo XXI: los rooftops y las terrazas.
Por qué nos gustan las alturas
La verdad es que nos encanta observar la ciudad desde lo alto. Tal vez sea porque nos da la oportunidad de mirar el paisaje hacia abajo en lugar de hacia enfrente, y ofrece una vista panorámica de lo que nos rodea, sin que un transeúnte cualquiera o un camión de ruta —que no han lavado en cuatro años— nos obstaculice la vista; o tal vez porque nos da la oportunidad de sentirnos libres como aves, sin estar enraizados al asfalto de la calle.

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No importa si es porque la altura libera adrenalina y acelera el corazón, o porque la vista del paisaje completo calma las ansias; estar allá arriba ofrece un “no sé qué, que no sé cuánto” que nos estimula de una u otra forma, como si nos separara, por un momento, del mundo en el que vivimos preocupados. Por eso, comer en el último piso, frente a un ventanal o al aire libre, lejos del ajetreo y la vida cotidiana, resulta tan gratificante.
Gastronomía en el último piso
No es coincidencia que los grandes rascacielos como la Torre Latino o el WTC aprovechen esos últimos pisos para ofrecer una experiencia gastronómica. Ni que en el edificio donde vives haya un roof con un asador para la carnita. Sí, a veces es el único espacio donde ponerlo para que el humo del carbón no se meta a todas las casas, pero aceptémoslo: no es lo mismo una carne asada en el jardín, a nivel de suelo, que una desde las alturas.
Pero ¿por qué funciona tan bien? La respuesta puede dividirse en tres partes. La primera es que le permite a la comida dejar de ser solo alimento para convertirse en una especie de espectáculo y experiencia, sin necesidad de montar un escenario o contratar entretenimiento; este lo otorgan la naturaleza y la ciudad misma. La segunda tiene que ver con el ambiente, pues permite una ventilación natural que se presta a una atmósfera más relajada. La tercera es la exclusividad, ya que estar “arriba” se ha convertido en símbolo de estatus.

Hoy, los roof gardens no solo albergan restaurantes, sino que forman parte de una narrativa gastronómica que mezcla cocina de temporada, coctelería, privacidad y diseño arquitectónico que dialoga con el skyline.
La gastronomía encontró en las terrazas un escenario perfecto para reforzar algo clave: comer es un acto social y emocional. Y hacerlo con vista al horizonte potencia esa sensación.
Cabuya Rooftop
Un claro ejemplo de ello es Cabuya Rooftop, un restaurante inspirado en la selva costera, con un menú predominantemente marino, que destaca tanto por su vista como por su propuesta gastronómica. Aquí puedes disfrutar de deliciosas tostadas y tacos de mariscos, almejas y otros manjares, con una privilegiada vista desde lo alto de la colonia Condesa.

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Encontrarlo puede ser un poco desafiante la primera vez, pues hay que seguir una ruta bastante específica para llegar a este restaurante ubicado en el piso 17. Pero apenas pones un pie fuera del elevador, te ves envuelto en su ambiente chill, como si estuvieras en una playa de la península yucateca. La diferencia es que, en lugar de vista al mar, tienes vista a la ciudad desde lo alto, lo que convierte la experiencia en algo inolvidable.
Si quieres disfrutar de verdadera cocina de altura, no te pierdas la oportunidad de visitar Cabuya, ubicado en la calle Aguascalientes, en la colonia Condesa, y enamórate de su sabor y su vista desde la primera vez. No olvides seguirlos en Instagram para saber más.



