Una de las ventajas de la gastronomía contemporánea es que da pie a colaboraciones fascinantes, donde chefs y cocineros que, en principio, parecerían no tener nada en común, encuentran formas de complementarse. En estos encuentros, los ingredientes y técnicas de cada uno brillan por sí solos, pero al mismo tiempo construyen una conversación culinaria coherente y estimulante.
El poder de colaborar
Existe una enorme diferencia entre una competencia y una colaboración. En la primera —que sí existe y puede derivar en eventos gastronómicos valiosos, pero en los que no profundizaremos— los participantes buscan superar a su contrincante mediante sus habilidades culinarias. En cambio, una colaboración no se trata de quién lo hace mejor, sino de la unión de talentos: a veces mediante platillos compartidos donde cada chef aporta una parte de sí; otras, a través de menús en los que cada quien se encarga de uno o más tiempos.
El resultado es innegable: una experiencia enriquecida donde lo mejor de cada cocina se integra de forma fluida a lo largo de la degustación.

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Ahí radica el poder de colaborar: no hay elementos que compitan por protagonismo ni que intenten opacarse entre sí, sino que cada ingrediente y cada receta buscan armonizar con los demás, con un objetivo común: la experiencia del comensal.
Ling Ling
En ese terreno fértil para la colaboración, Ling Ling Ciudad de México se ha consolidado como un espacio particularmente propicio para este tipo de encuentros. Más que un restaurante en el sentido tradicional, su propuesta gira en torno a una experiencia integral donde la comida, la música y el ambiente conviven sin jerarquías claras. Aquí, la cocina no es un acto aislado, sino parte de una narrativa más amplia que evoluciona conforme avanza la noche.
Su oferta parte de una base asiática contemporánea pensada para compartirse, pero con la suficiente apertura para dialogar con otras cocinas. Esa flexibilidad —que evita el purismo y abraza la reinterpretación— es lo que permite que colaboraciones como esta no se sientan forzadas. Ling Ling no busca imponer una identidad rígida, sino funcionar como plataforma: un espacio donde distintas visiones pueden coexistir sin perder carácter.
Alexis Ayala
Por su parte, Alexis Ayala representa una de las voces más interesantes de la cocina mexicana actual. Su trabajo ha sido reconocido tanto por la Guía Michelin —con distinciones Bib Gourmand en algunos de sus proyectos— como por publicaciones internacionales que han destacado su capacidad para reinterpretar la tradición sin caer en lugares comunes.

Lo que define su cocina no es la estridencia, sino la precisión. Hay una intención clara en cada elemento: ingredientes mexicanos tratados con respeto, técnica depurada y una sensibilidad contemporánea que entiende el sabor como eje central. Sus platos no buscan impresionar desde lo excesivo, sino desde el equilibrio, algo que resulta clave cuando se trata de colaborar con otras propuestas culinarias.
Ling Ling ft. Alexis Ayala
La colaboración entre ambos se construye desde ese punto de encuentro: una cocina abierta al diálogo y otra profundamente consciente de su identidad. El resultado es un menú que no intenta “fusionar” de manera superficial, sino encontrar afinidades reales entre ingredientes, técnicas y formas de entender el plato.
El recorrido inicia con un callo de hacha acompañado de leche de chintextle, brote de cilantro y una tlayuda crujiente. Un plato que sintetiza bien la lógica de la colaboración: frescura y acidez por un lado, profundidad y textura por el otro. Después, el langostino robata con curry de jalapeño introduce un matiz más cálido, donde el picante y el tostado se integran sin saturar.

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A partir de ahí, la experiencia se abre hacia el lenguaje de Ling Ling: una selección de sushi y platos principales que incluyen desde un filete con salsa merlot hasta un salmón glaseado con curry verde y berenjena, acompañados de elementos como arroz frito con verduras y papas rostizadas con shiso. Más que un menú rígido, se percibe como una secuencia donde cada tiempo aporta algo distinto sin romper la coherencia del conjunto.
Lo interesante no es solo lo que hay en el plato, sino cómo conviven las ideas detrás de él. No hay protagonismos forzados ni intentos de sobresalir por encima del otro; hay, en cambio, una conversación bien ejecutada. Y, como toda buena conversación, lo que permanece no es una sola voz, sino la sensación de haber experimentado algo más amplio.
Disponible únicamente durante tres fines de semana -hasta el 10 de abril-, esta colaboración refuerza su carácter efímero. No busca establecerse como algo permanente, sino como un momento específico dentro de una escena gastronómica que, cuando se permite colaborar de verdad, alcanza sus mejores versiones.
Sigue a Ling Ling y a Alexis Ayala en Instagram para enterarte de futuros eventos y colaboraciones, y disfruta de sus cocinas incluso si no alcanzas este menú en particular en sus respectivos espacios.




