Hay destinos que se sienten diseñados para el invierno, como si la nieve no fuera una estación sino una identidad. Park City, en Utah, es uno de ellos, y en lo alto de Deer Valley se alza Stein Eriksen Lodge, un refugio de montaña que interpreta el lujo desde la calidez, la tradición y una relación casi íntima con el paisaje. Aquí, el frío no se combate: se celebra.

Inspirado en la arquitectura de los lodges alpinos europeos, Stein Eriksen Lodge combina maderas oscuras, chimeneas encendidas y grandes ventanales que enmarcan las montañas cubiertas de nieve. El ambiente es sofisticado pero acogedor, pensado para volver después de un día al aire libre y sentir que el cuerpo, por fin, puede bajar el ritmo. No es un hotel que busque impresionar con gestos grandilocuentes, sino uno que conquista a través de la constancia: servicio atento, espacios generosos y una sensación de hogar elevada a su máxima expresión.

Dentro de esta experiencia, Glitretind Restaurant & Lounge ocupa un lugar central. Su nombre, tomado de una de las montañas más altas de Noruega, no es casual: la cocina honra la herencia escandinava de Stein Eriksen con una interpretación contemporánea de la gastronomía de montaña. El enfoque es elegante y preciso, con platos que encuentran equilibrio entre técnica, producto y una presentación sobria. Cenar en Glitretind después de una jornada en la nieve es una extensión natural del paisaje exterior: sabores reconfortantes, vinos bien seleccionados y una atmósfera que invita a prolongar la sobremesa mientras afuera la noche cae lentamente sobre las montañas.
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Stein Eriksen Lodge no se define solo por lo que ocurre puertas adentro. Parte de su encanto está en la manera en que conecta al huésped con el entorno, y pocas experiencias lo hacen de forma tan evocadora como el horse sledding que parte desde el hotel.

Subir a un trineo tirado por caballos, envuelto en mantas gruesas, mientras el sonido de los cascos se mezcla con el crujir de la nieve, es una escena que parece suspendida en el tiempo. El recorrido atraviesa paisajes invernales intactos, donde el silencio solo se rompe por el aliento de los animales y el movimiento pausado del trineo.

Esta experiencia no es un simple paseo, sino una forma distinta de habitar la montaña. Lejos de la velocidad del esquí y de la adrenalina de las pistas, el horse sledding invita a observar, a escuchar y a sentir el ritmo natural del invierno. Es un recordatorio de que el lujo, en su forma más auténtica, también puede ser lentitud y contemplación.

Stein Eriksen Lodge logra algo poco común: ofrecer una experiencia profundamente enraizada en su entorno sin perder la sofisticación. Desde la mesa de Glitretind hasta el silencio de un trineo deslizándose sobre la nieve, todo parece responder a una misma idea: el verdadero confort nace cuando el paisaje, la tradición y el tiempo se alinean. En lo alto de Deer Valley, este lodge nos recibe y envuelve.
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