Hablar de Italia es hablar de Modigliani (que la leyenda dice que las últimas palabras del pintor fueron esas: “cara, cara Italia”), de Botticelli, del Dante, de Verdi, de Caruso, de Pavarotti. Y la lista de los nombres del arte y la cultura, que nos han acompañado en la vida, es enorme. Y cuando está uno listo para ir a la cocina y preparar unos platillos que no nos hagan olvidar las Divina Comedia, y que La Traviata nos siga llenado la cabeza de ideas que eleven nuestra cultura musical, y para no decaer y que el ánimo este fulgurante, qué mejor que recorrer en el pensamiento las regiones de esta tierra de Garibaldi. Y, yo, caminando, y ya casi al llegar a la despensa debo recordar que las aceitunas y los aceites italianos siguen siendo materia principal, y usadas en infinidad de preparaciones. Abrí la despensa, y también, como cuando se abre un libro de Pirandello o Salvatore Quasimodo, y que salen, brillando, los espíritus de sus personajes, así también, me pasa cuando abro la puerta de los milagros. De verdad. Y, sí, al abrir, allí estaban los frascos del ¡Olio Santo! Bautizado así: Santo aceite, que lo era para los Etruscos. Y para nosotros, hoy en día, estaríamos de acuerdo con esa calificación Etrusca.

Así que ésta, como podrán ver, es toda una aventura que estoy diseñando, y que toma forma: lo primero que estaba en las repisas y lo tomé, era el verde frasco de aceite de oliva, en un plato pequeño puse unas cuantas raciones y preparé, para hacer hambre: Aceitunas fritas: (aceitunas, aceite de oliva, sal, pimienta). Y como debería dar tiempo para pensar en cuales serían los platos fuertes que me dejaran pleno y lleno de sana alegría. Puse en el aparato de sonido a Pavarotti, tomé asiento y los trozos de pan le hicieron los honores a las aceitunas fritas. No dejé una sola. Tomé luego un papel, la pluma y anoté lo que consideré iba a ser un gran evento, una gran comilitona, anotaré todo conforme se me vaya ocurriendo, y claro a mi lado me asesoraba continuamente con mis notas y recetas de Italia:

Ensalada de brocoli: (Brócoli, sal, pimienta, aceite de oliva, limón, zanahorias baby) Y hablando del país de Miguel Ángel, al hacerlo piensa uno en las pastas, sí, no hay hogar en Italia en dónde no se sirva una pasta de las tantas que por el mundo nos han heredado. Verifiqué que en la alacena hubiera todo para la preparación del banquete, anoté: Lasaña a la napolitana: (Lasaña. Para la salsa: aceite de oliva, ajo, jitomates, pimienta negra, sal. Para el relleno: ricota, parmesano, mantequilla, pimienta negra, nuez moscada, albahaca, Mozzarella). Y como el aire italiano reinaba en mi cocina, pues Pavarotti, con su voz, hacía temblar las copas, me dije que no fuera yo tacaño, que adelante, a escoger. No me hice del rogar y rápido busqué y sí había de donde tomar lo necesario, la alacena, por fortuna tiene en su haber de todo lo que hay en el mercado (bueno, todo lo que preparamos en casa): Prosciutto coronado con higos: (Prosciutto, higos). Y por las prisas, se me olvidaba la sopa, el famoso Primi piatti, y pues ni modo, a sacrificarme, va: Y, miren, resulta que en Mantua están orgullosos de tener su gran calabaza amarilla. Sopa de calabaza estilo Mantua: (Calabaza de Castilla, caldo de res, albahaca, prosciutto, mantequilla, sal, pimienta negra).
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Y en los festines gastronómicos no puede faltar un postre de chocolate y un helado de vainilla, verifiqué en el congelador y, bravo, sí, tenía de varias marcas, a cuál más de sabrosas. Y en la máquina de café, en donde estaba listo todo el misterio, habitaban los granos para ser molidos en grado fino para el café expreso.
Chère Karla, tú sabes la cantidad enorme de recetas que la hermana Italia posee para, en la vida diaria de esa nación, sus mesas estén coronadas por las pastas, los peces, los quesos, los vinos, los postres. Yo, humildemente, y así creo que lo di a entender a nuestras amantes de la cocina, que los dos o tres platillos que aquí nombré serían preparados por mí, para mí. Eso vale, ¿No?
¡SALUD Y MÁS SALUD!
Carlos Bracho
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