Sí, también aquí vamos a hablar de fútbol. ¿Cómo no hacerlo si México va a ser sede? Este año no se trata solo de sumarse a la tendencia, sino de vivirlo como todos los mexicanos a los que, nos guste o no, nos va a tocar empaparnos del espíritu y adoptarlo, porque durante, por lo menos un mes, todo girará en torno a este deporte.
Fútbol y gastronomía
¿Pero qué tiene que ver el fútbol con la gastronomía? La respuesta corta es “mucho”, y en realidad no hay que pensarlo demasiado. ¿O acaso nunca has ido a una reunión con amigos o familia para “ver el juego”, donde hay botanas y bebidas o se pide algo de comer?
¿O qué tal ir a un bar o restaurante con pantallas, donde la gente va a ver el juego y aprovecha para comer, o va a comer y aprovecha para ver el partido? Incluso los más aficionados, que compran su abono en el estadio para ver a su equipo favorito desde la tribuna, consumen cerveza y botanas como parte de un ritual que une, casi sin darnos cuenta, a la gastronomía con el deporte.

Cocina pambolera
De hecho, la cocina y el fútbol están tan estrechamente ligados que podríamos armar una especie de menú-maridaje con algunas de las botanas, platillos y bebidas más icónicas para este tipo de eventos: empezar con guacamole, palomitas o papas fritas; seguir con pizza y alitas; y, para beber, nada mejor que una cerveza o una refrescante soda bien fría.
Pero, aprovechando que ahora toca vivir el torneo más esperado de cerca, ¿por qué no incluir la cocina mexicana? Tacos, garnachas, cocina de mar y tierra… En realidad, casi cualquier platillo mexicano es perfecto para ver un partido, porque tanto el fútbol como la cocina mexicana tienen algo en común: se disfrutan con pasión y alegría.
A ver, me explico: pocos países en el mundo tienen una afición tan grande por su selección de balompié como México. Incluso cuando pensamos que no van a llegar lejos, ahí estamos, cantando Cielito lindo en cada partido y gritando al unísono “¡no era penal!”. Del mismo modo, pocos países tienen un lazo tan estrecho con su gastronomía como el nuestro, donde cada platillo es un estandarte y nos indignamos cada vez que un extranjero publica su propia versión de cocina mexicana que poco tiene que ver con la original.

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La comida y el fútbol son, desde hace décadas, parte fundamental de la identidad cultural del mexicano.
El Mundial en México
Por eso resulta tan emocionante que México vuelva a ser sede por tercera ocasión. Sí, solo serán tres ciudades y algunos partidos, pero somos el primer país en recibir tres veces el evento deportivo más importante del mundo. Así de grande es la afición mexicana.
Por desgracia, el espíritu futbolero no es suficiente para entrar al estadio, y asistir a un partido en el Azteca será mucho menos accesible que un clásico Chivas-América. La realidad es que la mayoría no podremos darnos ese lujo.
Pero eso no significa que no podamos disfrutarlo. Este año, toda la ciudad se va a poner la camiseta, y es muy probable que cientos de restaurantes transmitan los juegos en vivo, lo que nos permitirá vivir el Mundial mientras disfrutamos de nuestra comida favorita.

Y, por si eso fuera poco, existe un espacio diseñado específicamente para celebrar el fútbol y la gastronomía en su máxima expresión: Campo Marte 26.
Campo Marte 26
Durante cinco semanas, del 11 de junio al 19 de julio, Campo Marte se convertirá en uno de esos puntos donde todo esto sucede al mismo tiempo y en el mismo lugar.
La idea no es solo ver los partidos en una pantalla gigante —que sí, también estarán ahí—, sino construir toda una experiencia alrededor: llegar antes, comer algo, quedarse después y alargar la conversación. Como cualquier buen plan pambolero, pero llevado a otra escala.
Ahí entra México de mis sabores, el festival gastronómico dentro de Campo Marte 26. Participan 32 chefs y 32 cocineras, con un menú distinto cada día y propuestas que recorren prácticamente todo el país. No es exageración decir que puedes darte una vuelta por distintos estados sin salir del mismo espacio, y eso, en un contexto como el Mundial, tiene todo el sentido del mundo.

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Porque si algo tiene la cocina mexicana es diversidad. Y si algo tiene el fútbol, es la capacidad de reunir a todos alrededor de lo mismo. Aquí, ambas cosas se cruzan de forma natural.
Dentro del recinto estarán las llamadas cocinas de humo, donde el fuego es protagonista, además de un par de cantinas —mar y tierra— que acompañan la experiencia como debe ser. Afuera, en el estacionamiento, habrá una zona de antojitos llamada Itacate, que funciona casi como ese puesto salvador al que siempre terminas regresando.
También habrá música y otras actividades, algunas con costo adicional, aunque eso queda en segundo plano. Lo importante es que el espacio está pensado para algo muy específico: ver el fútbol como solemos hacerlo en México, es decir, comiendo, tomando algo y rodeados de gente.
Y al final, de eso se trata todo esto. Porque si no hay estadio, entonces hay que inventarlo. Y, en una ciudad como esta, muchas veces ese “estadio” termina siendo una mesa compartida. Visita la página oficial de Campo Marte 26 para conocer todos los detalles y adquirir tus entradas.




