Muy cerca del Jardín Pushkin, el chef Gonzalo Muñoz encontró en una terraza el escenario ideal para levantar un proyecto propio. Acompañado por colegas con los que ha trabajado durante años en restaurantes y bares, creó Fuego, una propuesta que resume su trayectoria, sus referencias y su manera de entender la cocina.



Fuego es uno de esos lugares donde el ambiente y la cocina siguen una misma dirección. Desde que abrió sus puertas hace un par de meses, el restaurante apostó por una propuesta clara: que todo lo que llegue a la mesa pase, de alguna manera, por el fuego. Ya sea en el asador, la parrilla o el horno, el humo es el protagonista del menú y le da identidad a cada platillo. Más que un recurso de cocina, aquí se convierte en el punto de partida de una propuesta que busca resaltar sabores profundos con una cocina muy casual.
Una cocina que encuentra su fuerza en el fuego
Al frente de este proyecto está el chef Gonzalo Muñoz, quien ha construido una propuesta que trata de servir platos que realmente transmitan algo. Más que una carta tradicional, el menú reúne parte de su camino en la cocina y también del trabajo cercano que ha desarrollado con un equipo con el que ha colaborado durante años.



Aunque podría pensarse que un restaurante de brasas gira alrededor de la carne, aquí la historia va por otro lado. Por ahora, el menú incluye solo dos cortes, mientras que el peso de la propuesta se enfoca en las verduras, los pescados, los mariscos y varias opciones vegetarianas, que encuentran en el fuego una forma de resaltar su sabor.
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Qué pedir en Fuego
La idea del lugar es pedir al centro, probar de todo un poco y dejar que cada plato se disfrute al máximo. Para empezar, hay entradas que funcionan muy bien para abrir apetito, como el aguachile amarillo de picor medio, combina camarón con mango, jengibre y habanero; es fresco, fragante y engañosamente amable. También el betabel rostizado con yogurt griego, queso de cabra y pistaches, que combina notas cremosas. También está el atún teriyaki, apenas sellado, con una salsa que le otorga un balance bien logrado.

La comida empieza con unas tostadas y tres salsas que desde el primer momento dejan claro el estilo de la casa: un dip de berenjena con sabor ahumado, una salsa verde con habanero y serrano que pica rico, y una salsa roja tatemada. Desde esa primera probada se nota el sabor a brasa.

Entre los platos principales, uno de los favoritos es el pescado almendrado, una pesca blanca que se ha ganado su lugar como uno de los más pedidos de la casa. Para quienes prefieren carne, el petit tender destaca por su sabor y por acompañarse con un puré de papa hecho en casa, al que le añaden ceniza de tortilla para darle un toque distinto. Otra opción que vale mucho la pena es el pollo estilo Sinaloa, hecho a la parrilla y servido con una salsa de picor suave que redondea muy bien el plato.

Postres que también pasan por el fuego
En Fuego, el cierre de la comida sigue la misma lógica de la casa: llevar el humo hasta el último momento. Entre los postres, uno de los que más llama la atención es la dona de Krispy Kreme llevada a la parrilla, servida con crumble de chocolate. También destaca el strudel de ate de guayaba con helado de frutos rojos, una combinación dulce y fresca que funciona muy bien al final.
Porciones generosas para compartir
Algo que se agradece en Fuego es que los platillos tienen muy buen tamaño. Puedes pedirlos para disfrutarlos tú sola o compartir al centro y probar un poco de todo. Hay opciones que casi invitan a hacerlo, como el pollo estilo Sinaloa, que llega bañado en una salsa picante y se puede acompañar con puré de tortilla, verduras a la parrilla o cous cous, que recuerda un poco al arroz. Para tomar, la carta también cumple muy bien, con cocteles clásicos, propuestas de autor y una selección de vinos que acompaña perfecto la comida.
En Fuego todo está pensado para disfrutarse. La comida se acompaña con una carta de cocteles y cocktails de autor que va muy bien con los sabores ahumados del menú, además de una terraza muy agradable para alargar la comida o quedarse a cenar con calma. Es de esos lugares a los que se va en grupo, se piden varios platos para compartir y la platica se va alargando entre copas, humo y buena comida.
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