En la Condesa, comer fuera dejó de ser un simple plan para convertirse en una pequeña vuelta al mundo. En pocas cuadras conviven cocinas de distintos países, proyectos jóvenes y chefs que se atreven a mezclar tradiciones con técnicas contemporáneas. Entre esas propuestas destaca la gastronomía criolla, una cocina nacida del encuentro entre Francia, África y el Caribe, marcada por los contrastes y la memoria. En Créole, este legado toma forma en platos llenos de historia, donde las especias, los fondos largos y los guisos de cocción lenta cuentan relatos de migraciones, resistencia y mestizaje cultural. Así, la Condesa se reafirma como una de las colonias más interesantes de la ciudad para descubrir nuevas formas de sentarse a la mesa.

Una casa-restaurante donde el mestizaje se convierte en alta cocina
Dentro de esta casa-restaurante también funciona un pequeño bar y varios espacios pensados para comer distinto según el ánimo del día. Al llegar, puedes elegir alguna de las mesas al aire libre, decoradas con luces cálidas que enmarcan comidas y cenas íntimas, ya sea en pareja o entre amigos, con ese ambiente relajado que invita a quedarte un rato más y disfrutar de la cultura tan variada que hay en la colonia.
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Desde la cocina, la propuesta se entiende como un homenaje al mestizaje donde cada ingrediente se exalta con técnicas contemporáneas de la alta cocina europea, dando como resultado platos que combinan tradición, memoria y una mirada actual a la gastronomía.

En la carta encontrarás muchos sabores familiares reinterpretados con carácter isleño y savoir-faire francés. La esencia de Martinica, de la isla de La Reunión y de Guadalupe se deja sentir en cada preparación: desde platillos franceses como el célebre entrecôte hasta el clásico banane flambée, sin olvidar las recetas heredadas del Caribe, como la polenta con camarón o el callo de hacha macoubá. En cada bocado convergen Europa, África y el Caribe.
Sabores isleños



Para iniciar, el betabel “au four” funciona como una entrada fresca y golosa: betabel horneado, salsa de frutos rojos, queso de cabra y nuez, un juego entre lo terroso, lo ácido y lo cremoso. Del lado del mar, el pez limón se sirve como pesca del día, con una salsa de limón, mantequilla. Lo acompañan verdolagas y un puré de berenjena rostizada, que aportan notas ahumadas y herbales. A su lado, la polenta con camarones salteados en leche de coco, paprika y un guisado de verdolagas.


El pollo en crema de coco y cúrcuma, servidos con arroz basmati. Para picar al centro, los accras buñuelos de bacalao con aceite de cebollín son el bocado perfecto para iniciar. El cierre tiene sabor dulce, la banane flambée, plátanos dominicos flameados con ron, crema de vainilla y zarzamoras, el cual termina con broche de oro.

Para acompañar cada plato, la carta de vinos recorre algunas de las mejores regiones del mundo, con etiquetas seleccionadas de Francia, Italia y México que se integran a la franja internacional. Cada botella está pensada para fusionarse con la cocina criolla del lugar. El equipo de sala puede guiarte para encontrar el maridaje ideal, ya sea que busques un blanco mineral para el pescado, un tinto estructurado para el Entrecôte o una copa para el postre.

Créole se suma a esta nueva generación de restaurantes que combinan gastronomía de distintos países, es ideal para celebrar, para una cena tranquila entre semana o simplemente para tomar una copa de vino.



Dirección: Av. México 196, colonia Hipódromo Condesa, Cuauhtémoc, Ciudad de México.
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