Texto: Julieta Cruz Fotografía: Angel Venegas

En una ciudad donde el desayuno dejó de pertenecer exclusivamente a las mañanas y el café se convirtió en un ritual cotidiano, existen lugares que logran integrarse a la rutina de las personas más allá de una tendencia pasajera. Café C es uno de ellos. Aunque muchos lo reconocen por sus famosos lattes en 3D (marca registrada de Café C) —gatitos, conejitos, perritos, osos o figuras de temporada que flotan sobre la espuma—, detrás del fenómeno visual existe una operación mucho más compleja y una propuesta gastronómica que ha logrado convertirlo en un auténtico café de barrio contemporáneo.

Desde 2015, Café C ha construido un concepto donde desayuno, brunch, comfort food y café conviven prácticamente durante todo el día. Parte de su esencia está precisamente en romper con ciertas reglas tradicionales del horario gastronómico. Aquí alguien puede pedir unos huevos rancheros a media tarde, un croque madame por la noche o unos chilaquiles con arrachera en pleno horario de cena sin sentirse fuera de lugar. Su menú “all day breakfast” responde a una dinámica urbana donde los tiempos de comida son cada vez más flexibles y donde el desayuno dejó de ser solo una comida para convertirse en un antojo recurrente.

La carta refleja justamente esa amplitud. Hay desde opciones ligeras como yogur con fruta, bowls de açai o avena con chía, hasta platos más contundentes como el Desayuno del Patrón con chilaquiles rojos, huevos estrellados y arrachera marinada. También aparecen huevos rancheros enmolados, enfrijoladas rellenas de huevo, Desayuno Pibil servido sobre una base de tamal de frijol y hoja santa, shakshuka, bagels con salmón, croissants rellenos, sandwiches, flatbreads, pastas, milanesa napolitana, sopa de tomate rostizado o hamburguesas. Todo acompañado por una variedad de bebidas bastante nutrida de donde elegir acorde al gusto. 

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Más allá de la amplitud del menú, algo importante en Café C es que el arte latte no sostiene por sí solo el éxito del lugar. De hecho, de acuerdo con Alejandro Sánchez Rojas, Director de Operaciones, apenas entre el 20 y el 30% de quienes visitan el restaurante piden uno de estos cafés intervenidos con figuras tridimensionales. El resto llega por algo más sencillo y quizá más difícil de construir: comida reconfortante, precios justos y una sensación constante de cercanía.

“Durante muchos años mucha gente evaluaba el lugar únicamente por el tema del arte latte 3D”, explica. “Pero después entendieron el concepto”.

Y es que detrás de cada figura hecha con espuma existe un trabajo gastronómico y operativo mucho más amplio. El propio equipo reconoce que desarrollar platillos implica procesos largos, pruebas, ajustes y capacitación constante. No se trata únicamente de crear algo visualmente atractivo, sino de mantener equilibrio entre ingredientes, calidad y precio para lograr que el lugar siga siendo accesible para la comunidad que lo rodea.

Esa idea de comunidad aparece constantemente cuando hablan de Café C. Más del 50% de las personas que visitan el restaurante llegan caminando desde menos de un kilómetro a la redonda. El lugar pertenece naturalmente al ritmo de la colonia y a la dinámica de sus vecinos. Hay clientes que llegan todos los días, personas que ya tienen una mesa favorita y otras que buscan repetir el mismo desayuno una y otra vez. La sensación de cercanía forma parte esencial de la experiencia.

Sin embargo, detrás de esa aparente calma existe una operación de alto volumen. Durante años, la demanda creció a tal nivel que los tiempos de espera comenzaron a desbordar la capacidad de la cocina original. Había domingos en los que en su previa locación el restaurante atendía simultáneamente a decenas de comensales mientras recibía entre 60 y 80 pedidos por aplicaciones de entrega. En algunos casos, entrar a desayunar podía tomar hasta dos horas y posteriormente otros 50 minutos para recibir un platillo.

La solución fue replantear completamente la operación. Café C decidió desarrollar una dark kitchen independiente dedicada exclusivamente al servicio a domicilio. Actualmente trabajan únicamente con Uber Eats y generan alrededor de cuatro mil pedidos mensuales a través de esta plataforma. El menú disponible para delivery es más reducido y se enfoca en platillos que pueden mantener calidad y consistencia durante el traslado: molletes, chilaquiles, huevos al gusto o tecolotes. El arte latte, naturalmente, no forma parte de esa experiencia.

Eso deja claro algo importante: aunque las figuras de espuma son el elemento más fotografiado del lugar, el verdadero motor de Café C sigue siendo la cocina y la capacidad operativa para sostener una experiencia consistente tanto en piso como en delivery.

Esa misma lógica también se refleja en el trabajo detrás de barra. Actualmente cuentan con cerca de dieciocho personas capacitadas en esta área, aunque solo algunas dominan completamente el arte latte 3D. El reto, explica Alex, ha sido profesionalizar constantemente al equipo para que no solo sepan crear figuras llamativas, sino también entender temas relacionados con extracción, molienda y calidad del café. A la par, el concepto se reinventa continuamente con figuras estacionales: changuitos, conejitos de Pascua, Reyes Magos, personajes animados o diseños temáticos que cambian a lo largo del año.

Pero sostener un lugar de este tamaño y movimiento implica mucho más que creatividad. También requiere procesos claros, tecnología y herramientas capaces de garantizar limpieza, sanitización y eficiencia operativa. En un restaurante donde la rotación es constante y donde diariamente circulan grandes cantidades de vajilla, cristalería y utensilios, la confianza también se construye desde aquello que el cliente normalmente no alcanza a ver.

Por ello, Café C trabaja con equipos de lavado profesional de Meiko tanto en barra como en cocina. Para el equipo operativo, integrar este tipo de tecnología permite asegurar procesos de sanitización, dosificación adecuada de químicos y cuidado de la inversión realizada en loza y cristalería. Más allá de agilizar el trabajo, este tipo de sistemas ayuda a mantener estándares consistentes de higiene y seguridad alimentaria incluso bajo alta demanda.

En una industria donde muchas veces el éxito parece medirse únicamente por filas, viralidad o redes sociales, Café C demuestra que la permanencia también depende de aquello que ocurre detrás de la barra: los procesos, la capacitación, la operación y la capacidad de sostener una experiencia cálida y consistente todos los días.

¿Dónde? 

Sucursal Del Valle: 

Agustín González de Cossío 231, Col del Valle Centro, Benito Juárez, 03100 Ciudad de México, CDMX

55 2211 0547

Sucursal Nápoles:

Plaza Dakota. Dakota 95-R01, Nápoles, Benito Juárez, 03810 Ciudad de México, CDMX

IG: cafec.mx

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