Balcón del Zócalo 2026: menú a la carta “tradición e innovación”

Karla Sentíes
Karla Sentíeshttp://www.karlasenties.com
Karla Sentíes, fundadora de Saborearte. Karla es y ha sido una importante referencia culinaria en México. Recibió el reconocimiento: “Periodista destacado” por parte del Club Vatel México y la Academie Culinaire de France.

En una de las esquinas más emblemáticas de la Ciudad de México, donde la historia se respira y se contempla desde lo alto, Balcón del Zócalo se ha consolidado como mucho más que un restaurante: es un espacio de pensamiento gastronómico.

Bajo la dirección del chef Pepe Salinas, el restaurante ha construido una identidad única a partir de un proceso constante de investigación, desarrollo y reflexión culinaria. Aquí, la cocina no es estática: evoluciona, cuestiona, se redefine. Es un laboratorio vivo que, con el paso del tiempo, ha logrado traducir el México contemporáneo con técnica, profundidad y una sensibilidad muy particular.

Ese trabajo sostenido —respaldado por un equipo sólido, comprometido y coherente— se refleja en cada nueva propuesta. Una cocina de alto nivel técnico que no pierde el alma, ni la cercanía, ni ese espíritu cálido que define lo mexicano.

Hoy, esa evolución encuentra un nuevo punto de encuentro con el lanzamiento de su menú a la carta 2026.

Un regreso a las raíces… con mirada contemporánea

Lejos de ser una pausa, este menú representa un respiro en el ritmo del restaurante. Una invitación a disfrutar desde la libertad, desde el recuerdo y desde el placer de elegir.

La propuesta reúne algunos de los platillos más icónicos que han marcado la historia de Balcón del Zócalo en los últimos diez años, reinterpretados con la madurez que da el tiempo. No se trata de nostalgia, sino de una reafirmación: entender el pasado como punto de partida, nunca como límite .

Cada plato cuenta una historia. La del chef, la del equipo, la de las cocinas de México y sus memorias personales convertidas en discurso gastronómico. Técnica, producto y narrativa conviven en una propuesta honesta, directa y profundamente emocional .

Este nuevo formato convive, además, con su reconocido menú degustación —la máxima expresión creativa del restaurante—, generando un equilibrio ideal entre exploración conceptual y goce libre en mesa.

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Una cocina que se comparte

La experiencia inicia con un gesto que anticipa lo que vendrá:un sope de cerdo con adobo y cremoso de aguacate, acompañado de un mocktail de agua de coco con infusión de hojas de naranjo. Un primer bocado que habla de territorio, de frescura y de intención.

A partir de ahí, la mesa se convierte en un recorrido por distintas geografías y memorias que oscilan entre entradas, preparaciones que hornan el maíz y platos fuertes, obvio con un espacio muy especial para los postres. En mi visita tuve oportunidad de probar gran parte del menú y les aseguro que no es fácil elegir un favorito; mucho depende de nuestras propias historias culinarias y de esos sabores que inevitablemente nos conectan con la memoria. Pero solo para abrirles el apetito, les comparto algunos de los platos que más disfruté: 

Entradas: la tostada de pulpo enamorado con mayonesa de chapulín, tomate cherry, aguacate y chile frito; las quesadillas de plátano macho con mole negro oaxaqueño, los montadidos de res con chicatana, eureka y parmesano, así como los buns de porkbelly al pastor con relish de piña, logran una combinación única entre sabor y técnica. 

Maíz: Aquí las palmas se la lleva la tlayuda de escamoles de Tlaxcala en mantequilla de curesmeño, inspirada en las cocinas de humo de Hidalgo y en recuerdos de infancia que conecta con la raíz más profunda de México. 

Plato principal: El pecho de ternera es obligado, con ese diálogo entre México y España, que refleja identidad, migración y encuentro. Pero el chamorro de cantina, es un imperdible, construido en colaboración con la mayora Martha Gaytán, rinde homenaje al oficio, a la tradición viva y al conocimiento heredado. Para quienes buscan algo más ligero, el risotto de aguacate con espárragos y verdolagas resulta un verdadero espectáculo. 

Postres: la crème brulée de mamey y helado de yogurt griego; la tarta Vasca de queso Idiazabal y menonita de Chihuaha; así como “Amalia” el bizcocho de plátano con chicloso de caramelo, mousse de chocolate semiamargo, avellanas y helado de plátano dieron paso a un gran final. 

Cada uno de estos platos ha sido revisitado desde la técnica y la precisión, con los sabores de México que tanto amamos y la visión contemporánea que representa a las mentes detrás de cada preparación.

El vino como hilo conductor

Uno de los grandes aciertos de la experiencia es el cuidado en la selección de maridajes, a cargo de Eduardo Figueroa, quien construye un relato paralelo desde la copa.

Destaca especialmente una curaduría con una fuerte presencia de vinos blancos de gran nivel, elegidos con inteligencia para resaltar el producto, limpiar el paladar y acompañar con precisión cada preparación.

Etiquetas como: Hirsch Kamptal Grüner Veltliner 2023 (Austria), con su perfil fresco y mineral, Biznaga Sauvignon Blanc (México), de carácter cítrico y herbal, o un Cava Mestres, de burbuja fina y notas tostadas, se integran como parte esencial del discurso gastronómico, aportando equilibrio, estructura y profundidad a la experiencia. Aquí, el maridaje no acompaña: dialoga.

Una experiencia que honra el lugar y la historia

Sentarse en Balcón del Zócalo es también reconocer el peso simbólico del lugar. La vista, la arquitectura, la energía del Centro Histórico… todo suma. Pero más allá de la postal, lo que realmente permanece es una propuesta que navega entre la identidad de un país que también se construye desde el sabor y la narrativa culinaria de quien se expresa tras el fogón dando a cada platillo una personalidad muy propia. 

El menú a la carta 2026 no es solo una nueva etapa. Es una declaración clara de lo que Balcón del Zócalo representa hoy:una cocina mexicana contemporánea, técnica y emocional, que mira hacia adelante sin dejar de honrar sus raíces. Un espacio donde tradición e innovación no compiten: conviven. Y donde cada visita se convierte, inevitablemente, en una historia que vale la pena contar.

Sigue con: Cha Cha Chá San Ángel: una hacienda en la ciudad

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