Por Adrian Briseño
El chocolate puede ser muchas cosas: ingrediente, recuerdo de la infancia, regalo o incluso el punto de partida para crear algo completamente nuevo. Para Hershey’s, también puede ser una herramienta para acompañar a quienes trabajan todos los días en una cocina.
Durante un evento privado en la Ciudad de México, la empresa de chocolate reunió a chefs, representantes de la industria, parte de su equipo y a medios de comunicación para presentar la nueva etapa de Hershey’s Foodservice, una propuesta que busca acercar sus productos a las cocinas profesionales y, al mismo tiempo, entender qué es lo que está buscando el consumidor.

La jornada comenzó con un recorrido por la historia de la marca en México. Llegó al país en 1969 y, desde entonces, su presencia se ha extendido a través de distintas marcas y productos. Un año después comenzó el desarrollo de su línea Foodservice y, posteriormente, la compañía pasó de distribuir a producir chocolate en México con la inauguración de su planta El Salto, Jalisco.
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Más de cinco décadas después, Foodservice toma una perspectiva distinta: no solamente como una división dedicada a ofrecer productos para profesionales, sino como un aliado para quienes buscan desarrollar nuevas recetas.
“Estamos aquí para traer inspiración, versatilidad y consistencia”, fue una de las ideas que atravesó la presentación.

Foodservice cuenta con productos en distintas presentaciones, desde chispas y cocoa, hasta jarabes y formatos de mayor volumen, de acuerdo con las necesidades de una cocina profesional. La intención es que el ingrediente no sea el límite, sino el comienzo.
Herencia y nostalgia
Para hablar de lo que viene, Hershey’s invitó a Givaudan, empresa especializada en sabores y soluciones para la industria de alimentos y bebidas. Jennifer Ponce fue la encargada de presentar las tendencias que están transformando la manera en que las personas se relacionan con la comida.

A través de su plataforma FlavourVision, Givaudan identifica cinco grandes tendencias globales: Green for Me (acciones ecológicas personales), Restorative Care (cuidado restaurativo), Stable Connections (conexiones que brindan estabilidad), Sensorial Renaissance (renacimiento sensorial) y Augmented Assistance (asistencia aumentada). De ellas, dos tomaron especial relevancia por las posibilidades que existen alrededor del chocolate: Stable Connections y Sensorial Renaissance.
La primera parte es una idea sencilla: los consumidores no dejan atrás aquello que conocen. Al contrario, muchas veces buscan regresar a sabores, ingredientes y preparaciones que forman parte de su historia.

En México, esto se encuentra en prácticamente cualquier cocina. El maíz, chiles, jamaica, horchata, arroz con leche, pan de muerto, tequila o mezcal pueden convertirse en puntos de partida para nuevas creaciones.
Entre los ejemplos aparecieron propuestas como chocolate con maíz, postres con café de olla, chocolate acompañado con cempasúchil e incluso creaciones inspiradas en el mole.
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La intención no era reproducir estas recetas, sino observar cómo ingredientes reconocibles pueden cambiar cuando se combinan con otros.
Ahí aparece también la nostalgia. Una galleta María, un arroz con leche o un banana split pueden remitir a una etapa de la vida y, al mismo tiempo, convertirse en una preparación completamente distinta.

Cuando lo conocido se transforma
Si Stable Connections mira hacia lo que conocemos, Sensorial Renaissance propone ir un poco más lejos.
Aquí el sabor es solamente una parte de la experiencia. También importan las texturas, formas, contrastes y aquello que provoca curiosidad antes de probar un producto.
Entre los ejemplos aparecieron propuestas poco convencionales: papas fritas utilizadas como base para un postre de chocolate, galletas transformadas visualmente en papas para acompañarlas con distintos dips, helados con ingredientes poco habituales y reinterpretaciones del conocido chocolate de Dubái.
En todos estos casos existe un elemento en común: tomar algo que ya conocemos y cambiar la manera en que lo experimentamos.

Las redes sociales han acelerado este fenómeno. Una preparación puede comenzar como un experimento casero y convertirse rápidamente en un producto que otros quieren probar, recrear y compartir. Para la industria gastronómica, esto representa tanto un reto como una oportunidad.
El chocolate de Dubái es uno de los ejemplos más claros. Su popularidad estuvo relacionada no solo con el sabor, sino también con el contraste de texturas y la presencia de ingredientes poco habituales. A partir de ahí surgieron nuevas versiones, como las que lo combinaron con cheesecake.
La exploración también puede venir de otros lugares. Se mostraron helados y postres asiáticos que han ganado popularidad gracias a las redes sociales, además de combinaciones conocidas, como elote con chocolate, presentadas desde nuevas perspectivas. Ingredientes que antes podían parecer lejanos ahora llegan con mayor facilidad al público mexicano y despiertan algo fundamental para la innovación: la curiosidad.


La innovación en la cocina
Después de hablar de tendencias, ingredientes y nuevas formas de combinar sabores, la jornada terminó llevando las ideas a la práctica. Una demostración de cocina mostró cómo los productos de Hershey’s pueden incorporarse a una preparación sencilla como un panqué de plátano.
Más allá de la preparación, el ejercicio resumió la propuesta de Foodservice: las tendencias encuentran su valor cuando pueden llegar a una cocina y convertirse en nuevas posibilidades.

Después de 55 años en México, Hershey’s busca que su presencia en la gastronomía profesional no se limite al producto que llega a una despensa o a una cocina. La apuesta está también en acompañar la creatividad de quienes lo utilizan y entender hacia dónde se mueve el público.
Porque quizá la siguiente gran creación con chocolate no dependa de inventar un ingrediente nuevo, sino de mirar uno que conocemos de toda la vida y preguntarnos qué más podemos hacer con él.
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