Por Ana del Castillo
¿Qué tiene la comida japonesa que nos deja en silencio con el primer bocado? Será la paciencia o el cuidado con el que llega cada pieza a la mesa. Hay algo en esa forma de entender la cocina que hace que una buena comida se quede con nosotros mucho después del último bocado. Y en Polanco TORI lleva años formando esa experiencia.

Porque TORI no es del todo nuevo. Hasta hace poco, esta esquina de Polanco se llamaba Tori Tori y, si eres como yo y llevas años yendo, sabes que es un clásico. Hoy se reinventó: nuevo nombre, nueva carta pero la misma fachada tan icónica de toda la vida.
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Del pollo al sushi, y de ahí a TORI
Tori tori significa «pollo pollo». Así lo bautizó el doctor Katsumi Kumoto Kawasaki, un dentista japonés que llegó a México con 500 dólares y dos maletas y que en 1995 abrió un restaurante de pollo en Ciudad Satélite. En 2001 decidió abrir una barra de sushi para mostrarles a los mexicanos cómo se hace de verdad. O sea que reinventarse es costumbre de la casa.
La cocina ahora la lleva el chef Marcelo Hisaki, con una propuesta japonesa más libre, fresca y contemporánea, con productos nacionales y sin caer en la fusión. Se queda el respeto por la tradición y por el producto, y se suma un toque picante. La terraza, además, se siente más luminosa que nunca. Y arriba viene Hisaki, una propuesta de alta cocina que está próxima a abrir y que ya nos dejó con muchas ganas.
Un ronqueo para abrir los ojos
La noche empezó con el ronqueo. Técnica japonesa con la que se despieza un atún (maguro kaitai) y se llama así por el sonido que hace el cuchillo al recorrer la espina. Ver cómo el pescado se va convirtiendo, pieza por pieza, en lo que después llega a tu plato es todo un show.
De ahí pasamos a la barra de sushi, y te confieso que la cocina japonesa es mi favorita, así que aquí me emocioné desde el primer plato. Llegó el sushi crispy, unos mini conos de atún que se acaban en dos bocados y nigiris de esos que piden otro más. Aquí se nota el cuidado en cada pieza.
Para la cena llegó un menú al centro, ideal para compartir y probar de todo, y ahí fue donde TORI me terminó de convencer. Arrancamos con el tartar de atún, sashimi de atún y de huachinango con tobiko, y lo digo sin dudar: el pescado se siente extremadamente fresco. Se nota cuando el producto es bueno, y aquí se percibe desde el primer bocado.



Mi favorito de la noche fue el omakase de nigiri, y si me preguntas qué pedir, es este. Para mí es de las mejores maneras de comer comida japonesa: dejas todo en manos del chef, no tienes que decidir nada y tu paladar se sorprende con una pieza tras otra. Conoces cosas nuevas, pruebas lo que quizá no habrías pedido y terminas queriendo más. Si vas definitivamente, pídelo.
Tampoco te vayas sin el ishiyaki de filete de res, que se cocina sobre una piedra caliente y está delicioso, es de esos platos que te hacen querer volver nada más por él. Siguieron las brochetas de carne, un yakimeshi trufado único y, para cerrar con algo dulce, los mochis mixtos. Definitivamente todo el menú es una experiencia que no te puedes perder.



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Para volver una y otra vez
TORI es de esos lugares a los que siempre quieres regresar, un clásico con ganas de sorprender. Si no sabes dónde ir a cenar estos días, ya tienes plan.
¿Dónde?
Temístocles 61, Polanco, Polanco IV Sección, Miguel Hidalgo, 11550, CDMX
Horarios: lunes y martes, 13:00 a 23:00 hrs. Miércoles, 13:00 a 00:00 hrs. Jueves a sábado, 13:00 a 01:00 hrs. Domingo, 13:00 a 22:00 hrs.
IG: Tori Tori




