Los griegos y romanos consumían en sus tiempos una bebida que estaba compuesta por manzanas fermentadas; y de “sikera” en griego y “sicera” en latín, su nombre se transformó a sidra.

Con el tiempo, su preparación cambió debido a la corta conservación de sus propiedades organolépticas, resultado de la pérdida de dióxido de carbono en la mezcla, por lo que se decidió hacerla espumosa a mediados del siglo XIX, y se transformó en la bebida efervescente que hoy nos es tan conocida.

Identificamos su presencia al momento de celebrar con los nuestros, la sidra, es esa bebida que no puede ausentarse en las festividades decembrinas; de consistencia espumosa y burbujeante se posiciona como el trago perfecto para llevar a cabo un brindis único y memorable.

Esta bebida como muchas otras, cuenta su propia historia, que más allá de remontarse a tiempos antiquísimos, se preserva como un patrimonio gastronómico y cultural en la memoria y las tradiciones de familias enteras.

Su llegada a México fue con los españoles, quienes impartieron a los oriundos las técnicas y procedimientos requeridos para tener como resultado este delicioso líquido, y sin imaginarlo, se estaba originando un legado que pasaría de generación a generación para su elaboración.

Uno de estos lugares es Huejotzingo, ciudad poblana que se encuentra cerca de la falda de la sierra Nevada, en donde familias enteras han pasado religiosamente a sus descendientes la pasión por hacer un producto artesanal y de calidad; la famosa sidra de Huejotzingo.

La elaboración de la sidra comienza con el cuidado y cultivo manzanas que fueron cosechadas entre julio y septiembre, a las cuales se les llevará a molienda para extraer su jugo y fermentarlo por tres meses, tras los cuales el jugo se dejará reposar durante un año para que el sabor madure.

Transcurrido ese tiempo, se mezclará con otros ingredientes y se gasificará para finalmente embotellarse para su comercialización.

También en Huejotzingo la innovación se ha hecho presente con nuevas mezclas, que incluye una sidra hecha de forma monovarietal con peras por parte del productor Rogelio Saloma de sidras Royam, quien apuesta por la alza del consumo de este tipo de bebidas en el día a día de los mexicanos y no sólo para reservarse en ocasiones especiales.

Esta bebida de características suaves y untuosas es excelente para los maridajes decembrinos, pero no se limita sólo a eso; incorporar la sidra a salsas, marinados y otro tipo de procedimientos gastronómicos es sólo dar el primer paso a una cocina más artesanal y mexicana de pies a cabeza.
Por si fuera poco, la sidra también contiene propiedades nutrimentales dignas de resaltar, como su contenido de polifenoles en específico el tirosol, antioxidante que se produce en la fermentación de los mostos de la manzana.

Ya sea ámbar, rosada o natural, en celebraciones, brindis o cenas con seres queridos, te invito a consumir sidra mexicana; una bebida cargada del resultado de tradiciones que se han pasado a lo largo de los años, y que gastronómicamente, tiene mucho que aportarle a tus platillos.

Fuentes:

Investigación original: Julio Chávez
http://mundosabor.es/sabias-que/bebidas/origen-e-historia-de-la-sidra.html
https://www.devinosyvides.com.ar/nota/749-que-es-la-sidra-y-como-se-hace
https://noticiasdelaciencia.com/art/26898/lo-que-cada-tipo-de-manzana-aporta-a-la-sidra
https://www.elmundo.es/pais-vasco/2015/12/18/5673f83f22601d0b658b4641.html

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