El concepto Château se introdujo en el siglo XIX en Francia como una forma de honrar el dominio creativo de los viticultores de Burdeos; hoy en día es sinónimo de excelencia y savoire-faire vinícola. Este nombre llegó a Chile con Almaviva, el primer vino creado ahí bajo el concepto de Château francés.

En 1997, la baronesa Philippine de Rothschild, presidente de la Junta Asesora del barón Philippe de Rothschild SA, y Eduardo Guilisasti Tagle, presidente de Viña Concha y Toro SA, sellaron un acuerdo de asociación con el objetivo de crear este vino franco-chileno excepcional. Producida bajo la supervisión técnica conjunta de ambos socios, la primera cosecha alcanzó un éxito internacional inmediato desde su lanzamiento en 1998.

Teniendo en cuenta un terroir excepcional, una bodega única y un equipo técnico, tres de los cuales están dedicados exclusivamente a la producción de un vino de calidad y excelencia inigualables, Almaviva he sido el producto de la dedicación y pasión de grandes conocedores del mundo del vino.

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El nombre Almaviva, aunque tiene una sonoridad hispánica, pertenece a la literatura francesa clásica: el Conde Almaviva es el héroe de Las Bodas de Fígaro, la famosa obra de Beaumarchais que luego se convirtió en una ópera del genio de Mozart. La etiqueta, mientras tanto, rinde homenaje a la historia ancestral de Chile, con tres reproducciones de un diseño estilizado, que simboliza la visión de la tierra y el cosmos en la civilización mapuche. El diseño aparece en el kultrun, un tambor ritual usado por los mapuche y lleva el nombre de Almaviva en la propia letra de Beaumarchais; dos grandes tradiciones se unen para ofrecer al mundo entero una promesa de placer y excelencia.

El Viñedo, ubicado en la parte más alta del Valle del Maipo, en la zona central de Chile, Puente Alto es reconocido por tener las condiciones ideales para producir los mejores Cabernet Sauvignon de Chile. Es aquí donde se han seleccionado 65 exclusivas hectáreas para la producción de Almaviva.

Las características destacadas de Puente Alto incluyen sus suelos pedregosos y muy pobres, inviernos fríos y lluviosos, y una larga temporada de madurez caracterizada por frías noches y templados días de verano. El clima mediterráneo semiárido permite obtener una excelente calidad y equilibro de las distintas cepas plantadas.

Las viñas más antiguas fueron plantadas en 1978 en Puente Alto, lugar que ha sido reconocido por más de 30 años por tener condiciones ideales. El viñedo fue plantado con cinco distintas variedades, Cabernet Sauvignon, Carménère, Cabernet Franc y Petit Verdot, siendo de lejos mayoritario el Cabernet Sauvignon, particularmente bien adaptado al terroir de Puente Alto. El resultado final es mágico; el vino es potente y único, que ofrece lo mejor de dos mundos.

En este extraordinario terroir la influencia fría de la Cordillera de los Andes, que se manifiesta en forma de brisas frescas y en un amplio diferencial de temperaturas entre el día y la noche, crean condiciones favorables durante el periodo de maduración que logran una acidez más pronunciada, una fruta roja fresca y una mayor concentración de color y aromas en los racimos.

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Beber vino es un arte, es un caricia a los sentidos que nos transporta a un mundo de seducciones hedonistas. La magia divina que se aloja en cada botella de Almaviva empezó con un trabajo meramente mortal, lo que les agrega un toque aún más especial. 

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