El masivo festival Sabor es Polanco se llevó a cabo, por quinta ocasión, en el Campo Marte de la ciudad de México, con la participación de 60 restaurantes y una amplia oferta de vinos y destilados, así como algunos expositores de cerveza artesanal.

Como ya es costumbre, la convocatoria es amplísima: las filas para entrar son muy largas, incluso desde una hora antes del inicio, un ejercicio para la paciencia que los miles de asistentes parecen ejercer sin problema alguno.

 

En esta edición, se otorgó un reconocimiento especial a los restaurantes que han estado presentes desde la primera edición en 2013: Beef Bar, Cambalache, Casa Portuguesa, Casa Regia, China Grill, Estoril, Gloutonnerie, La Fonda del Recuerdo, La Trainera, Les Moustaches, Lipp La Brasserie, Morimoto, Murasaki, Puerto Madero y Tandoor.

Una aclaración pertinente es que en el espacio de tiempo provisto, es imposible para que cualquier mortal alcance a probar toda la oferta de alimentos; vaya, me atrevo a decir que ni siquiera la cuarta parte; así que me veo obligado a destacar unas cuantas: las mini-hamburguesas de atún y cordero del Estoril, así como su jaiba envuelta en jícama; la mousse de hongos de Garum; las ostras ultra-frescas de La Docena (no situada en Polanco, por cierto); el chuletón a las brasas de Sagardi, montado sobre una baguette con pimientos morrones con tres cocciones lentas y aceite de oliva; el ceviche de pescado y la tlayuda de tasajo y chorizo de Guzina Oaxaca; así como el ceviche rojo con notas ahumadas del Beef Bar. Y como ya es costumbre, todo lo que fue asado a las brasas fue lo más concurrido.

 

En cuanto a la oferta de vinos, cabe destacar el pabellón de La Rioja: cada año montan un espacio techado que es un remanso entre la multitud de asistentes, con sillones cómodos que permiten disfrutar con tranquilidad de sus más de 40 etiquetas, tanto blancos jóvenes y con paso por madera, así como rosados y tintos; éstos últimos, desde jóvenes, crianzas y reservas. Usando una expresión trillada, Rioja es garantía de calidad.

Otra propuesta innovadora fue la de Bodegas La Negrita, una importadora mayormente conocida por traer la gama de Grupo Torres a México, incluyendo a los más que ubicuos brandys Torres 5, 10 y 15; en esta ocasión su oferta estuvo en un camión tipo Foodtruck, en el que ofrecieron vinos de alta calidad, generosamente: La Planta de Arzuaga y Celeste Torres, ambos de Ribera del Duero; Marqués de Vargas, de La Rioja; Salentein, de Argentina; así como varios ejemplares de las distintas bodegas del icónico Robert Mondavi, de California.

Asimismo, a La Europea se le destina el espacio completo de una cancha de frontón, donde cualquier cantidad de stands ofrecen los vinos y destilados que quieren impulsar: entre ellos, merece la pena destacar al cava gran reserva Roger Goulard, de fina burbuja y larga crianza en la botella, que le otorga una sutil complejidad.

Asimismo, hubo una suficiente oferta de jamones serranos e ibéricos, además de cafés, tés, aguas, helados, chocolates, repostería y puros mexicanos.

En resumen, un evento gastronómico masivo que comprueba el creciente interés por
una alta calidad en las elaboraciones de alimentos, ya sean simples o complejas; así como el maridaje –prácticamente obligado para el conocedor—con vinos y cervezas artesanales.

¡Salud!

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