Fotografías por Angel Venegas

En esta ocasión nos tocó conocer uno de los restaurantes de Grupo Carolo. Ubicado sobre la calle de Emilio Castelar 163 enfrente de parque Lincoln este lugar se ha convertido en uno de preferidos de varios no sólo por lo delicioso de su cocina, sino también por la propia belleza del edificio en el que se encuentra enclavado el concepto. Casa Domit es una construcción al estilo californiano bajo el diseño del arquitecto Shafick Kaim entre 1939 y 1940. Su estilo clásico se embellece con un gran candil de hierro, columnas y una escalera adosada. Los ornamentos de influencia novohispana se hacen presentes por todo el lugar. Recientemente Estudio 240 fue el encargado de remodelar el espacio añadiendo un toque de modernidad y elegancia. 

En esta ocasión, a través de un menú degustación conocimos algo de sus sabores. Delicados, consistentes y memorables, así son los platillos que conforman el menú de Blanco Castelar que se basa en su mayoría en productos de mar y algunos cortes que se entremezclan con vegetales y productos frescos. En concepto fusiona sabores de la cocina española con la mexicana. Lo genial de este sitio es el empleo de técnicas sencillas para resaltar tanto la buena calidad de sus ingredientes como para posicionarse y poder apreciarlos en su mejor expresión. El chef Gerard Bellve es el encargado de varios de los restaurantes del Grupo, imprimiendo su talento y experiencia culinaria en cada uno de los platos que nos entregaron. 

Platillos con elegancia

Para comenzar a abrir apetito iniciamos con una alcachofa a las brasas sin nada más que una vinagreta de la casa con acidez justa que permite disfrutar e ir deshojando la flor hasta llegar al corazón del producto. Continuamos con unas croquetas de jamón con alioli natural y una delgada lámina de ibérico al exterior. Al degustar la crujiente croqueta, se funde en el paladar tanto su cremosidad interna, como las vetas grasas de ibérico que aportan mucho sabor. 

Siguiendo con las entradas llega una tostada de atún. Esta tostada es delgadita y horneada lo que la hace, para empezar, deliciosa. El atún viene marinado con soya  y chile ancho; se acompaña de un cremoso de aguacate con hoja santa, mayonesa de chiles toreados y verdura crujiente (zanahoria, betabel, camote y poro). La alternancia de texturas crujientes, untuosas y frescas es sin duda una de las mejores experiencias del menú.

Otro de los favoritos fue el tiradito de hamachi con una sopa fría de almendras (ajoblanco), aceite de cilantro, chile güero, brotes de cilantro y crotones. Esta delicia te permite apreciar la frescura y los sabores sutiles de cada uno de los ingredientes en un plato de suma elegancia y delicadeza pero sobre todo estilo. 

Antes de continuar nos pedimos un par de drinks de su buena oferta y aunque un gin tonic con frutos rojos no puede fallar, la coctelería al estilo del Moscow mule es de lo mejor que este lugar ofrece, ya que sus notas muy presentes a jengibre y cítricos persisten y te refrescan el paladar para seguir con los fuertes. Nosotros probamos el clásico y, sin temor a equivocarnos, hemos de decir que es uno de los mejores que nos ha tocado probar. 

El primero de los fuertes hizo su aparición y nos dejó encantados. Se trata de un robalo a la milpa, que llega con una costra de pepita con chilacayote, montado sobre unos esquites cremosos cremoso de esquites, elotes baby asados y un poco de jugo reducido de chilacayote con pepita. Este platillo en especial, destaca por la sencillez de sus ingredientes que en conjunto resultan en una combinación no sólo deliciosa sino en que se aprecian la dedicación al concepto y las técnicas. 

Mientras que a la mesa nos acompañaba su pan de semillas hecho en casa con una quenelle perfecta de mantequilla, arribó el platillo final: una short rib bañada en una salsa de sus propios jugos, chipotle y piloncillo. Aquí la intensidad de la carne y su sápida grasa se contrastan con la guarnición de elote amarillo y cebolla morada encurtida. Sabores integrales donde el umami se hace presente a cada bocado. 

Para terminar un puro de avellana nos llegó a sorprender. Se trata de un largo y delgado cilindro de chocolate, relleno de una espuma de crema de avellana sobre un delicado crumble de sabores dulces a praliné que asemeja las cenizas de un puro encendido. 

Sin duda alguna, Blanco Castelar es uno de esos lugares imperdibles en la ciudad que vale la pena conocer y visitar para cuando uno quiere darse un gusto especial, o simplemente disfrutar de una excelente cocina. Dale la oportunidad a este representante de Grupo Carolo, ¡estamos seguros de que te fascinará!  

¿Dónde?

Av. Emilio Castelar 163, Polanco, Polanco III Secc, 11550 Ciudad de México, CDMX

Tel. 5550270322

WEB: https://www.grupocarolo.com.mx/blancocastelar

Instagram: blanco_castelar

Facebook: blancocastelar

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