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Mencionar que determinado vino tiene cierta cantidad de puntos, se ha convertido, desde hace varios años, en una ventajosa herramienta de venta y mercadotecnia para aquellos vinos que han sido calificados con 85 unidades o más.

Así que, ¿Cuál es la escala de puntos? ¿Cómo se forman? Y, lo más importante, quienes los asignan, ¿Cuentan con credibilidad y una carrera confiable en el mundo del vino? ¿Son realmente independientes de las bodegas y sus distribuidores?

Este tema tiene varias aristas polémicas.

La primera es la asignación de números a algo cuya percepción es subjetiva y totalmente personal.

La segunda es la imparcialidad con las que las buenas calificaciones son otorgadas. Y la más interesante de todas es que hay vinos de 90 puntos con precios tan dispares como 15 y 3,000 dólares.

Comencemos por describir las escalas.

Tanto Robert Parker como Wine Spectator, las dos entidades con mayor influencia en el mundo, utilizan una escala de 100 puntos, que en realidad inicia con 50.

Es decir, a todos los vinos se les otorga esta mínima cantidad como base, siendo un producto con menos de 60 no recomendable.

Por su parte, la muy seria y prestigiada revista inglesa Decanter cambió recientemente su sistema de cinco estrellas hacia la escala de 100 puntos.

De hecho, su equipo de catadores es de los más experimentados en el mundo, sólo que su esfera de influencia –exceptuando a los conocedores– se sitúa principalmente en Europa, y en segundo término, los EUA, Canadá y Hong Kong.

Así que  modo que el premio mayor, al que aspiran muchos bodegueros, es pasar la barrera de 90 puntos, sobre todo si son otorgados por Parker o alguien de su equipo de catadores.

Retomando el primer punto polémico, en la cata profesional es inevitable la influencia del gusto personal del catador, por más que haya quienes propugnan lo contrario: con base en mi experiencia, si a uno, como juez, le agrada y emociona un vino más que otro, inevitablemente le asignaré una mayor calificación.

Y lo reconozco abiertamente, a la vez que sigo los parámetros establecidos y no únicamente lo que Wine Spectator acuñó como el “Wow factor”, que se puede traducir como el factor que asombra y emociona.

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Entonces, la implicación que sigue es que los catadores de Wine Spectator, Robert Parker y Decanter tienen un paladar perfecto, cuya respuesta es tan obvia, que me la ahorraré.

Otras entidades que evalúan vinos son Wine Enthusiast, Stephen Tanzer,
James Suckling, Tim Atkin, La Revue du Vin de France (para Francia) y la Guía Peñín (mayormente para vinos españoles y algunos mexicanos).

Una propuesta interesante es la de Global Wine Score, un ente basado en la muy renombrada zona de Burdeos, que realiza un promedio de las calificaciones otorgadas por los críticos, mediante un algoritmo creado por ellos mismos, con el fin de minimizar la subjetividad…bueno, si bien éste es un loable fin, insisto en que es imposible eliminarla del todo.

Robert Parker establece que los puntajes permiten la comunicación rápida de información, tanto al experto como al neófito; asimismo, afirma que es muy importante que el aficionado lea los comentarios que acompañan a cada calificación, ya que constituyen una mejor fuente de información de la personalidad del vino, su calidad en relación a vinos equiparables y potencial de añejamiento, de una forma más clara de lo que cualquier número puede indicar.

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Y muy importante: él afirma que el mejor juez es el paladar del aficionado.  

Para dar sólo un claro ejemplo de la importancia de los comentarios sobre los puntajes, su calificación para añadas desafortunadas de algunos de los Premieres Grands Cru Classéss (Primeros Grandes Clasificados) de Burdeos, como el Lafite 71, así como el Mouton 1984, resulta ser elevada en relación a sus notas de cata, 88 y 84 puntos, respectivamente.

Es decir, no hay una congruencia entre la descripción de los vinos y sus puntajes, lo que me lleva a concluir que el peso del renombre le influyó, en el mejor de los casos, ya que sus notas afirman que estos vinos son una profunda decepción; es decir, tendría que haberlos calificado en el rango de 70 puntos.

En cuanto a la imparcialidad, los dos aspectos que Parker, quien comenzó sus publicaciones en 1978, enfatiza son que está a favor del consumidor y que sus calificaciones son independientes; que él paga todos sus viajes y que no acepta obsequios de las bodegas.

Empero, en años recientes  hubo serias dudas sobre dos de sus colaboradores, Mark Squires y Jay Miller, quienes realizaron viajes a varios países pagados por asociaciones de productores, los cuales incluyeron lujos como paseos en yate y varias comodidades en Australia.

Parker respondió que no sujeta a sus contratados a los mismos estrictos reglamentos que él sigue, pero que tiene lineamientos muy serios sobre conflictos de intereses y que Squires y Miller están conscientes de ellos.

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Squires, por su parte, alegó que muy pocas de sus calificaciones se basan en catas realizadas en las bodegas.
La tercera polémica, el hecho de que existen vinos de precios muy disímiles con puntajes iguales.

Requiere de varias consideraciones previas. La primera es que, a pesar de lo dicho por Parker, en el sentido de que el puntaje compara la calidad del vino con otros similares, no se aplica a la hora de calificar profesionalmente, ya que todas las catas técnicas son a ciegas.

Es decir, el panel de cata desconoce las marcas que está evaluando; y si bien puede tratar de identificar la variedad de uva, región, tiempo de barrica y añada, no hay comparación que se pueda hacer con vinos que se desconocen.

Cuando un catador asigna puntos a los aspectos visual, olfativo, gustativo y del conjunto de un vino, lo debe hacer para ese vino en sí mismo, es decir, evaluar lo que está en la copa, sin comparaciones.

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Por lo tanto, si a un vino de precio bajo, por ejemplo 15 USD, se le otorgan 90 puntos, es porque, a juicio del calificador, o en su caso, del panel de cata compuesto por varios jueces, ese vino, por sus propios méritos, reúne la calidad necesaria para esta suma.

No se le compara con otros que antes hayan obtenido 90 puntos y, de hecho, tanto Wine Spectator como Parker afirman que — salvo excepciones (2)– sus catas son a ciegas, es decir, para asignar calificaciones, sus catadores desconocen la marca del vino y su precio, sólo se les informa la región, la variedad de uva o a veces ambas.

Entonces, surgen varias preguntas:

¿Si hay vinos de 15 y 1,500 USD con 90 puntos, significa esto que quien lo vende a 1,500 es un consumado abusivo? ¿Esos 2 vinos me van a saber parecidos? ¿Vale la pena pagar 10 veces más por lo que, a fin de cuentas, me va a saber muy similar?

Para responder a la primera interrogante, diré que, al igual que con los artículos de lujo, los precios de los vinos más famosos del mundo incluyen un muy alto porcentaje de historia y renombre.

En ningún caso su costo de producción representa una proporción razonable de su precio.

Así que, para concluir:

¿Merece la pena comprar vinos de más de $3,000? Esto, a fin de cuentas, es una decisión individual, lo que está claro es que la mayoría de las etiquetas cuyo precio es muy alto (a partir de $8,000 y hasta $265,000 por botella, en tienda; en restaurantes se eleva), cuentan con una baja relación calidad-precio.

Si bien se trata, en muchos casos, de vinos excelsos, la imagen que otorgan a quien los compra constituye una motivación importante.

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Con esto no pretendo desalentar a quienes tienen curiosidad por saber “a qué sabe” un vino de ese rango de precio. Si se tiene la posibilidad de comprarlo, ¡háganlo! Ya que puede merecer la pena hacerlo aunque sea sólo una vez en la vida.

Algunas de mis recomendaciones de vinos de gama media-alta a alta, comprables, que están a la altura de los de precios mucho mayores, son: Pintia, bodega del muy famoso Vega Sicilia, en la región de Toro, España; L´Ebrescade de Michel Richaud, Carainne, Ródano, Francia; El Gran Enemigo Single Vineyard, de la subregión de Gualtallary, Argentina, cuya añada 2013 fue calificada con 100 puntos por el equipo de Robert Parker; así como el muy poderoso y a la vez elegante Pontet Canet 2010, de la subregión de Pauillac, Burdeos, que también ostenta 100 puntos por parte de Robert
Parker.

Todos ellos están disponibles en México, si tienes interés contáctame con toda confianza y con gusto te oriento. ¡Salud!

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