Por Adrian Briseño

Hay lugares que se entienden desde la primera mirada. La Tlalpeña no es uno de ellos. La impresión inicial la pone la barra: grande, imposible de ignorar y con ese carácter que anuncia desde la entrada que se ha llegado a una cantina. Después aparecen las mesas, el patio de piedras, la música y un movimiento que hace pensar que aquí nadie tiene demasiada prisa por marcharse.

Más allá de la barra, el espacio adquiere otro ritmo. La zona que la rodea permite una estancia más tranquila, mientras que al avanzar hacia el patio, entre pequeñas piedras y mesas, la música mexicana gana presencia. Cumbias, rancheras y danzones acompañan la conversación y hacen que ambas áreas, aunque formen parte de la misma cantina, tengan su propia manera de vivirse. Cuando aparece el mariachi, el ambiente se transforma: por un momento, la cantina parece trasladarse a una fiesta de 15 de septiembre, y la sobremesa encuentra una razón más para alargarse. En La Tlalpeña, hasta el lugar donde uno decide sentarse puede cambiar la manera de vivirla.

Foto por: Adrian Briseño.

La carta reúne una oferta amplia de antojitos, platos para compartir y preparaciones que aparecen al preguntar un poco más; pero antes de que la comida llegue a la mesa, la bebida ya empieza a marcar el tono de la estancia.

Por recomendación del mesero, la primera en llegar es una Mezcalita de frutos rojos, preparada con mezcal joven y escarchada con Tajín. Al lado aparece el Tlalpnotic, un cóctel de la casa preparado con Hpnotiq y frutos rojos, de color púrpura, ligeramente dulce y frutal, con una sensación burbujeante que recuerda al agua mineral y deja el alcohol en segundo plano.

Foto por: Adrián Gutierrez.

La comida confirma pronto que en esta cantina conviene pensar bien cuánto pedir. Los tacos de camarón, pensados como antojitos, llegan en tres piezas de buen tamaño, con camarones empanizados, guacamole y tortillas de harina. Lo que parecía suficiente para abrir el apetito termina siendo, por sí solo, una porción capaz de saciarlo, con sabores sencillos y familiares que recuerdan a la comida de playa.

Esa generosidad también se hace evidente en preparaciones que comienzan a incorporarse a la propuesta de la casa. Durante la visita llegó a la mesa un rib eye acompañado de papa al horno con tocino y queso. El plato todavía no forma parte de la carta, pero se encontraba en proceso de prueba antes de su posible incorporación al menú. Este tipo de dinámicas permiten que nuevas preparaciones lleguen a los comensales mientras la cocina ajusta su propuesta y decide cuáles permanecerán.

Foto por: Adrián Gutierrez.

También hay opciones que aparecen cuando se decide preguntar. Entre ellos está el Molcajete Tlalpeña, una preparación en la que el comensal puede elegir entre proteínas como rib eye, arrachera, chamorro o lengua. Su particularidad está en el flameado con mezcal, un detalle que los distingue de las demás opciones de la casa.

Para cerrar, las tres bolas de Tepoznieves de chocolate llegan con pequeños trozos de chocolate que aportan textura. Más que un postre pensado para poner punto final a la comida, tienen algo de ese antojo que aparece cuando la plática está a gusto y todavía queda tiempo para quedarse un rato más en la mesa. Unas cucharadas más, otra conversación y, sin darse cuenta, la sobremesa encuentra una nueva razón para prolongarse.

Foto por: Adrián Gutierrez.

Quizá ahí está una de las particularidades de esta cantina: la comida puede ser el motivo para llegar, pero difícilmente es el único para quedarse. Un trago abre otra conversación, una nieve prolonga la sobremesa y la música termina por darle a la tarde un ritmo distinto al que tenía al principio.

Al final, La Tlalpeña se descubre de esa manera: entre lo que llega a la mesa, lo que aparece cuando pregunta y esos momentos en los que la plática se pone demasiado buena como para pensar todavía en levantarse.

¿Dónde?

Plaza de la Constitución 16-C, Tlalpan Centro I, Tlalpan, 14000 Ciudad de México, CDMX

Número telefónico: 55 1315 0539

IG @latlalpe

Sigue con: La Sotomayor: una cantina para quedarse sin prisa

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