Lo que hace el chocolate

Carlos Bracho
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Carlos Bracho. Actor de cine, TV y teatro. Fotógrafo y político. Miembro fundador de SOGEM, escritor y editor. Miembro fundador de “Leo, luego existo”, del INBAL.

Chère Karla: 

Desde luego que las mujeres han jugado roles por demás importantes y laudatorios.

Doña Marina, Sor Juana, Leona Vicario, Josefa Ortiz de Domínguez, Carmen Serdán, la Adelita, la «Güera» Rodríguez, y tantas y tantas féminas que dieron lustre e impusieron su sello propio a los asuntos culturales, políticos y sociales. Y qué mejor que traer esta historia de Doña Marina, que fue un eje de primera magnitud en la empresa guerrera que emprendió Hernán Cortés. La Malintzin –su nombre verdadero y que Hernán y los españoles, por facilidad fonética, la bautizaron como Marina– fue la pieza fundamental en los movimientos guerreros y políticos de Hernán Cortés (el chocolate lujurioso algo tuvo que ver). Veamos:  Él, Cortés, en su viaje a Tabasco, fue agasajado por el caudillo de la región del sureste y le obsequió 21 bellas mujeres. Entre ellas estaba Malintzin.

Como ella hablaba maya y náhuatl fue desde los primeros momentos la traductora y la secretaria particular del conquistador. En el sureste, Tabasco, el chocolate era la bebida tradicional. Cuando en una noche calurosa y húmeda Cortés no podía conciliar el sueño, llamó a la Malintzin para que le tradujera lo que los caciques le habían dicho esa tarde. Malintzin, joven –en ese tiempo debería tener unos quince años– Cortés le pidió que le narrara en castellano -ella lo había aprendido con rapidez- lo que aquellos señores del reino le habían dicho, ella, solícita y que había sido ya prendada por las habilidades y por la fuerza de carácter del español, llegó al aposento del comandante con una jarra de chocolate.

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Karla, el chocolate no era como hoy lo conocemos, en esa época lo tomaban entre otras muchas formas, frío y con mezclas varias: maíz, chile, etc. Su nombre deriva del maya chocol y del náhuatl atl. Cortés que era empedernido luchador y que por esos momentos –no conocía todavía la Gran Tenochtitlan– el cansancio lo dominaba, tomó aquel brebaje, que, hoy ya sabemos, es tonificador, y posee cualidades mágicas que -dice la historia- predisponen al hombre para quedar bien en los lances del amor.

Los soldados que custodiaban a Cortés se distraían tomando el aire fresco no imaginaban la escena que en la habitación de su jefe surgía. Cortés bebió́. Terminó una primera jarra y Malintzin le sirvió́ otra más. A él le llegaron los cánticos de las aves y por la ventana aparecían los destellos de las estrellas. El olor de las ceibas inundaba el sitio. Cortés olvido lo que le había pedido a Marina, y Marina, que con su pelo suelto y negro y su ligera falda que dejaba ver las líneas de su cuerpo y que conocía, a pesar de su corta edad las debilidades de los hombres, apagó las hachas que iluminaban la habitación y solo la luna era el foco que daba luz al lugar. Cortés terminó la jarra de aquella bebida desconocida para él, y cayó en las redes que Venus le había tendido. Allí́ nació́ una relación que duró muchos años. Sí, el chocolate que se hace con el cacao legendario fue el líquido que unió́ para la historia a Marina y a Hernán Cortés.

Ilustración generada con inteligencia artificial para Saborearte.

El árbol, chère Karla se llama Theobroma cacao o sea el árbol de los dioses. Así́, pues Marinas de hoy, ya saben lo que el chocolate puede causar. Pero para el gusto de hoy, vayamos directo al: 

  • Chocolate al agua: Chocolate, agua, azúcar, anís, pisca de sal. 
  • Chocolate con leche: Chocolate, leche, vainilla. 
  • Champurrado: Masa de maíz, chocolate, canela, agua, piloncillo. 

Y para gritar Viva MéxicoChilaquiles rojos: tortillas, pechuga deshebrada, queso seco, chile ancho, jitomate, ajo, chile de árbol, crema, cebolla.

Y para aclamar al chocolate: Bébanlo y denlo a beber, a comer, a sus seres queridos. Encontrarán en los aparadores de las tiendas decenas de chocolates que se presentan en mil formas. Adelante. Por algo el chocolate conquistó al mundo entero. Vale. ¡VIVA MÉXICO!

Carlos Bracho.

Continúa con: La tuna: tradición, sabor e identidad mexicana

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