Al pie de la sierra de Tramuntana, entre almendros, olivos y jardines, Castell Son Claret ocupa una antigua finca señorial en el interior de Mallorca. El castillo, construido en el siglo XVIII, forma parte de un paisaje marcado por la piedra, la vegetación mediterránea y las montañas. Desde 2013 funciona como hotel y pertenece a The Leading Hotels of the World, la colección internacional mas prestigiosa de hoteles independientes de lujo.
La historia de la propiedad comienza mucho antes de su transformación en hotel. El edificio principal fue levantado en el siglo XVIII y la finca fue creciendo alrededor de él, hasta convertirse en una extensa propiedad agrícola. Durante siglos, la vida de Son Claret estuvo vinculada al campo mallorquín y a los ritmos de la tierra.

La arquitectura conserva esa condición de antigua casa de campo. La piedra dorada de las fachadas, los arcos, las persianas mallorquinas y los patios mantienen el carácter de la construcción original. La restauración incorporó interiores contemporáneos sin borrar las huellas de la historia: muros de piedra, vigas de madera y distintos elementos arquitectónicos permanecen integrados en las habitaciones y espacios comunes.
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Las habitaciones y suites se distribuyen entre el castillo y las construcciones que lo rodean. Algunas se abren directamente hacia los jardines, mientras otras cuentan con terrazas privadas desde las que se contempla la sierra. La vegetación forma parte constante del paisaje: cipreses, olivos, palmeras, lavanda y árboles frutales rodean los edificios y acompañan los caminos de la finca.

En el centro de la propiedad, la piscina se extiende entre los jardines con la Tramuntana como telón de fondo. El entorno cambia con las estaciones y con la luz, especialmente al final de la tarde, cuando la piedra de las fachadas adquiere los tonos cálidos característicos de Mallorca.

La gastronomía ocupa también un espacio importante en la historia reciente de Son Claret. El restaurante Olivera trabaja con producto local y una cocina vinculada al territorio mallorquín. Los ingredientes de la isla aparecen en una propuesta que presta especial atención a las verduras, los pescados y los productos de temporada.

El paisaje invita a salir de la finca. Desde Castell Son Claret se pueden recorrer algunos de los caminos que atraviesan la Tramuntana, visitar pueblos de piedra como Es Capdellà y Galilea o acercarse hacia la costa occidental de Mallorca. La ubicación permite descubrir una parte de la isla marcada por pequeñas carreteras, antiguas fincas agrícolas y montañas que descienden hacia el Mediterráneo.

Al regresar, el castillo recupera su silencio. La piedra, los jardines y las montañas vuelven a ocupar el primer plano. Son Claret conserva así la esencia de una antigua propiedad mallorquina, adaptada a una nueva vida sin perder la relación con el paisaje que la rodea.
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