Fresh kiwi yogurt with fruits and chia seeds, healthy breakfast

Chère Karla:

Días duros, difíciles, los que estamos viviendo todas y todos en el mundo. Nuestra memoria se pierde en el tiempo porque hace muchos, muchos años, que la humanidad no había tenido una pandemia tan mayúscula como la que nos azota. Y el combate a ese Jinete del Apocalipsis está, en algunos países, rindiendo frutos. Nosotros los mexicanos tratamos de seguir todas las indicaciones que nuestras autoridades de la Salud nos marcan para que el mal quede fuera.

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Así que al mal tiempo darle buena cara. Las penas con pan son menos. 

Sí, chère Karla, como todos estamos metidos en nuestros hogares, y para no pasar malos ratos, para no sentirse aprisionado, para tratar por todos los medios de vivir la vida con ganas, con espíritu grande, con la sonrisa en la boca, para ello, el ejercicio físico, sí, no se necesita tener aparatos –si los tiene, pues úselos–, hay muchos ejercicios sin utensilios: sentadillas, hacer que se corre en un mismo sitio, lagartijas, etc., y el ejercicio mental, son bienvenidos. Leer los libros que están en la biblioteca, charlar con los hijos, con la esposa, con el esposo, con las hermanas, sobre lo que tratan esos autores. Y hacer una buena discusión. Eso da hambre y sed, de verdad.

Y comer de lo más sano que se pueda: verduras, frutas, agua, mucha agua, limones, pescado, pocas grasas, pocas sales, poca azúcar, cereales, huevos, poca carne roja, yogurt, aguacates, melones, papaya, arroz, jitomates, zanahorias, calabazas, apio, lechuga, col… y así la lista de sanos productos sigue. Y aquí viene el dicho, que ya lo hemos puesto en estos espacios gastronómicos: “Panza llena, corazón contento”. Es una verdad mayúscula. Sí, claro, por ejemplo, para un buen desayuno: cereales, plátanos, arándanos, o un huevo al sartén, sin aceite, y bebida de almendra, jugo de naranja. Y por las doce del día, un snack: quizá una galleta (dije una galleta, ¿eh?) con algo de atún de lata al agua, con apio, poca mostaza y poca mayonesa (las hay especiales en tiendas), algo de cebolla picada. Un vaso de jugo de zanahoria con manzana.

Ah, Karla, y tomar unos seis vasos de agua pura en el día. Y a la sagrada hora de comer: una sopa de flor de calabaza, un pescado a la plancha, verduras cocidas, totopos orgánicos, y un agua de limón o de chía, y de postre una gelatina. Y para la cena, una quesadilla (evidentemente de queso) queso panela, bebida de arroz o de almendra, quizá una galleta integral con algo de mermelada de naranja, sin azúcar. 

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Y escuchar música, cantar, no nada más en el baño, no, a todas horas. Recuerden que los mexicanos cantamos cuando nos va bien o cuando las cosas no salen como quisiéramos.

Bien, chère Karla, a poner todo nuestro empeño en pasarla bien, en ver que las cosas tienen solución, en cuidarnos y como arriba dije, ejercitarnos. Y claro, comer, comer y cantar. Aunque las malas lenguas dicen que el que come y canta, loco se levanta.

Un abrazo digital

Carlos Bracho

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