Nos hemos olvidado de la forma en la que nuestros ancestros cocinaban, las mujeres y hombres reunidos alrededor del ritual de enterrar carne en un hoyo, macerar salsas en molcajete y desgranar cada grano de elotes, granadas, guanábanas, tamarindos.

Creemos que cocinar es cumplir con el checklist de la vida diaria que llevamos cuando deberíamos recapacitar el acto de cocinar.

Cocinar, debería formar una serie de encuentros mágicos, con la naturaleza y con aquellas personas que nos rodean. Cocinar debería ser una reflexión acerca de dónde provienen nuestros alimentos y cómo fueron hechos; el proceso que los llevó hasta tu cocina, desde las manos ásperas del agricultor que cultivó las semillas que dieron origen a los vegetales que usarás; aquella mujer que dejó a sus hijos encargados para poder pizcar el vegetal y el transportista, que mientras tu duermes, lo lleva por carretera hasta el mercado en donde lo comprarás. Entender este proceso nos debería llenar de humildad ante los ingredientes que tenemos en la despensa y de agradecimiento por las manos que lo hicieron posible.

Otro encuentro que se da en el acto de cocinar, es el de la magia de la diversidad natural. ¿Cómo es posible que existan manifestaciones de sabores, olores, texturas tan diferentes en cada producto que obtenemos? Esto tiene que ser obra divina, y a quien sea que le reces, deberíamos agradecer la posibilidad del jardín divino que se nos regala para jugar y saborear.

El tercer encuentro que me parece mágico es el de compartir con las personas que quieres, aquello que tardó tanto en crecer, que necesitó de la energía para transformarse, de las manos que hicieron posible tenerlo en tu cocina, para que ahora, esté en la boca de aquellas personas a nuestro alrededor. Puede ser en un restaurante o la mesa de tu casa un miércoles cualquiera cuando este encuentro, en donde todos pueden participar, se realice. Probar tu propia catsup, hacer tu propia mayonesa, mostaza o pan, no debería de ser algo difícil. Todos nuestros ancestros lo han hecho y la modernidad nos vendió la idea de que lo fácil es lo mejor. Creo, que para los que amamos la comida, sabemos que la comida rica toma tiempo, esfuerzo y mucho amor. Por ello los invito a que día a día disfrutemos de ¡la magia de cocinar!

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