Cuando la buena comida y el gusto refinado cruzan sus caminos se crea un vínculo especial entre ellos, que convierte el comer en un arte, y como lo escribió Isabel Allende, en un acto de amor.

El éxito rotundo de Onomura Nigiri Bar se debe a un sin fin de razones: el cálido servicio, los productos más frescos imaginables, la dedicación de su personal, la belleza de la decoración y el estilo único de ambos restaurantes, las mentes brillantes en su creativa cocina y esa pasión por la gastronomía y el buen vivir que abunda en el agradable ambiente, casi tangible y completamente irresistible que lo vuelven en un paraíso de comida japonesa en la Ciudad de México.

Aquí, cada platillo es más exquisito que el anterior, sus seductores aromas y sabores invadiendo mis sentidos. En esta ocasión me dejé llevar por los deliciosos sabores de una selección de nigiris, algunos de ellos ahumados, creaciones atrevidas e innovadoras como carne kobe con foie gras y salmón con trufa.

Aquí, cada platillo es más exquisito que el anterior, sus seductores aromas y sabores invadiendo mis sentidos. En esta ocasión me dejé llevar por los deliciosos sabores de una selección de nigiris, algunos de ellos ahumados, creaciones atrevidas e innovadoras como carne kobe con foie gras y salmón con trufa.

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‘Onomura’ quiere decir ‘lugar de encuentro’ y la filosofía de compartir un espacio y gozar de la alta gastronomía junto con nuestros seres queridos es el hilo guiador que ha asegurado el temprano éxito de este exquisito restaurante, tanto en Bosques como en Interlomas. Con su próxima apertura en Prado Norte, esta joya culinaria ha logrado crear algo que va mucho más que una excelente experiencia gastronómica; aquí cada momento es magia.

Sus platillos no sólo se limitan a ser hermosos, sino que son una explosión de sabores, texturas y sensaciones. Cada bocado es la oportunidad de sumergirse en un nuevo mundo, es lo más cercano a descubrir los sabores del paraíso. El restaurante combina un diseño moderno y contemporáneo con típicos toques japoneses, tonos de madera clara y oscura, una hermosa terraza y una larga barra abierta, donde los chefs crean sus obras de arte culinarias a la vista de todos.

Este mágico espacio fue el teatro para una experiencia única: el ronqueo. El Ronqueo del atún es una antigua práctica que tiene sus orígenes en Japón y es una técnica que tiene al menos tres mil años. El nombre al que se debe el ronqueo viene de la palabra “roncar”, ya que cuando el cuchillo con el que el pescado se corta pasa por su espina dorsal, suena como si alguien roncara.

Esta complicada y exquisita práctica está muy ligada a la forma tradicional de pescar y el ronqueo compone una continuidad en el buen manejo del producto. La magia detrás del ronqueo reside en la exactitud para identificar, cortar y agrupar la carne del pescado; este es casi un ritual, un arte y una ciencia.

Una vez que se prueban las delicias de Onomura, nada vuelve a ser igual. Cada bocado es la oportunidad de sumergirse en un nuevo mundo, es como descubrir los sabores de un  paraíso servido en nuestra mesa. El contraste de los sabores en cada platillo le dan versatilidad, tanto para el paladar como a la vista, además de que varía con cada estación, siendo un festín para los sentidos.

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