Siempre he tenido una idea medio necia —pero profundamente honesta— de que la comida puede cambiar el mundo. No desde el discurso pretencioso de que los chefs son los grandes héroes de la actualidad, sino desde algo mucho más cotidiano: el acto de sentarse a la mesa, compartir un plato y, en ese pequeño ritual, generar algo que trasciende. Porque cuando comemos no solo nos alimentamos; también construimos memoria, identidad y, en el mejor de los casos, comunidad.

La mesa como punto de encuentro

La gastronomía tiene una capacidad única de impactar la cultura y la sociedad. No es solo lo que hay en el plato, sino todo lo que lo rodea: de dónde viene el producto, quién lo cocina, cómo se sirve y, sobre todo, con quién se comparte. La sobremesa se convierte en el momento perfecto para hablar de lo que somos y de dónde venimos. Y es ahí donde comienza la conversación sobre cómo mejorar el futuro.

Porque la cocina, cuando se piensa más allá del sabor —sin dejarlo de lado—, puede ser una herramienta poderosa para conectar realidades distintas, visibilizar problemáticas y generar diálogo. Y si esa conversación se traduce en acción, entonces estamos hablando de algo mucho más relevante que una buena comida.

Javier Plascencia colabora con Mi Gusto Es. Foto cortesía de Mi Gusto Es

Lee también: Pesca Con Futuro presenta libro sobre pescados y mariscos de México

Cocina responsable: cuando el sabor también suma

Hablar de impacto positivo en la gastronomía implica entender que cada decisión importa, desde el respeto al producto hasta la intención detrás de un platillo. Hoy, más que nunca, existe una conciencia creciente sobre el papel que juegan los restaurantes en su entorno. No se trata solo de cocinar bien, sino de cocinar con propósito.

Ahí es donde entra la idea de una cocina responsable, una que honra el origen, respeta los ingredientes y, además, busca generar un impacto tangible. Puede ser a través de prácticas sostenibles, apoyo a productores locales o iniciativas que convierten cada consumo en una forma directa de ayudar.

Tacostada. Foto cortesía de Mi Gusto Es

Mi Gusto Es: sabor, identidad y una colaboración con causa

En ese cruce entre sabor e intención es donde sucede la colaboración entre Mi Gusto Es y el chef Javier Plascencia. Dos formas de entender la cocina que coinciden en algo esencial: el respeto por el producto y la capacidad de reinterpretarlo sin perder su raíz.

El resultado es la Tacostada de Javier Plascencia, un platillo que, más allá de su nombre —que ya de por sí intriga—, funciona como una declaración de principios. Sobre una misma tostada conviven dos mundos: en una mitad, un crujiente taco de papa con camarón; en la otra, una tostada de atún. Cocina fría y caliente dialogando en un mismo bocado. Familiar, pero inesperado. Reconfortante, pero con ritmo.

A esta propuesta se suman los camarones embolsados, creación del chef de casa, Carmelo “Carmelito” Carrillo: una reinterpretación de la cocina cajún llevada a un contexto mexicano. Picosos, mantequillosos, intensos. De esos platillos que no piden permiso y que inevitablemente terminan en la conversación de sobremesa.

Camarones embolsados. Foto cortesía de Mi Gusto Es

Sigue con: Cocina con propósito: ¿Qué es el comercio justo en la gastronomía?

Pero lo que realmente eleva esta colaboración es su propósito: durante todo mayo, el 100% de lo recaudado por la Tacostada y los camarones embolsados será donado a la Fundación Tijuana Sin Hambre, que diariamente sirve alrededor de 2,500 comidas calientes en albergues, casas de migrantes y comunidades vulnerables. Es decir, aquí cada orden tiene un impacto directo.

Todo esto sucede dentro de un menú que ya de por sí es amplio y bien definido, donde los sabores del Pacífico —frescos, generosos y sin pretensión— siguen siendo el eje. Mi Gusto Es lleva más de dos décadas haciendo algo que no es tan sencillo como parece: convertir lo familiar en algo emocionante, sin perder autenticidad.

Un pretexto para ir (y volver)

A veces cambiar el mundo no empieza con una gran acción, sino con decisiones pequeñas pero conscientes, como elegir dónde comer.

Mayo es el momento perfecto para visitar Mi Gusto Es, pedir la Tacostada, dejarse llevar por los camarones embolsados y, de paso, ser parte de algo más grande. Porque sí, vas a comer bien —muy bien—, pero también vas a contribuir a que alguien más pueda hacerlo.

Y si quieres seguirle la pista a este tipo de iniciativas (y antojos), vale la pena tenerlos en el radar en Instagram. Porque cuando la cocina tiene intención, se nota. Y cuando además sabe bien, se vuelve imposible ignorarla.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.