Agazapado en una cueva, un ser primitivo se refugiaba de la tormenta, muros de agua le permitían ver como el cielo era iluminado por explosiones celestes, pero nada más. Las horas transcurrieron y la lluvia paró, cautelosamente la criatura abandonó su refugio para descubrir, algo que cambiaría el curso de su especie.

Una entidad misteriosa atacaba con furia un árbol, el calor era demasiado y la luz que causaba era más intensa que la luna. Tras consumir la madera el fuego no era más que una pequeña flama, el cavernario lo inspeccionó, adoró y sometió.

Entrando a las llamas

La historia que nos presenta el ojo mecánico de Matthew Salleh, no es otra más que la de los descendientes de aquel hombre prehistórico, y cómo es que las brasas nos siguen uniendo para compartir la caza moderna, y las historias del pasado.

Ya sea en Sudáfrica, Australia, Japón, Suecia o México, la gente sigue reuniéndose alrededor de las llamas, pero ¿por qué? Una de las preguntas que más descubrimientos ha originado, y este documental no es la excepción.

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Al recorrer el mundo buscando asados y las culturas que los preservan, el equipo de Barbecue descubrió algo muy peculiar. No importa el lugar o circunstancia, el motivo original para hacer este ritual, se puede explicar con la expresión sudafricana lekker, su definición directa es “sabroso”, aunque es usada para cualquier momento disfrutable.

Historias de brasa

Dentro de las historias que se presentan a lo largo del filme encontramos la de una tribu australiana, adaptada al mundo moderno y padeciendo del mismo. Su escape se encuentra en regresar a sus tierras por unos días, volver a cazar y cocinar a fuego vivo. Simples acciones con un poder sanador impresionante, que quedó evidenciado en el documental.

Siguiendo el camino de la restauración nos encontramos con Suecia y sus continuos problemas de depresión, causados por sus largos periodos de poca luz solar. Al llegar la primavera y con ella el sol, las áreas verdes se vuelven punto de reunión de cientos para disfrutar de carne asada y el calor del día. 

La esperanza de un mañana brillante no es exclusiva de los suecos, también en el Medio Oriente, en los incontables campamentos de refugiados. En estos lugares la carne de los kebabs los hace recordar el hogar y mantiene viva la ilusión de que algún día la guerra llegará a su fin.

Los significados pueden ser infinitos, todo depende de quien esté en el asado, pero el fin siempre es el mismo. Compartir con los seres queridos un poco de alimento, bebidas y revivir las historias del pasado junto a las brasas.

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