Deer Valley East Village: una montaña para todas las estaciones

Julieta Cruz
Julieta Cruz
Gastrónoma y doctorante en Comunicación con especialización en vinos por la EMS. Investigadora en periodismo enológico y gastronómico en Ciudad de México, basada en teoría bourdiana, con fundamentos en Sociología y estudios de periodismo. Disfruta entrevistar y difundir la valiosa labor de quienes hacen posible nuestra gastronomía, única y viva en cada ingrediente, sabor y experiencia a la mesa.

Hay destinos que parecen pertenecer a una sola temporada. Basta pensar en una montaña cubierta de nieve para imaginar esquís, chimeneas encendidas y bebidas calientes al final de la jornada. Sin embargo, cuando termina el invierno, el paisaje no desaparece: simplemente cambia de ritmo.

Esa es una de las ideas detrás de Deer Valley East Village, la nueva comunidad de montaña que está tomando forma en las Wasatch Mountains de Utah. Sus representantes visitaron Ciudad de México para presentar un proyecto que, aunque encuentra en el esquí uno de sus principales atractivos, busca mantenerse activo durante todo el año.

El encuentro tuvo lugar en Castelani Pasta e Pescheria, en Polanco, donde la cocina del chef Julián Martínez permitió aproximarse a la propuesta mediante un lenguaje que conocemos muy bien: el de la mesa.

Utah alrededor de una mesa

La comida comenzó con carpaccio di manzo con crema de parmesano y mejillones en salsa de vino blanco. Después llegaron tres pastas para compartir: spaghetti chitarra con camarones, pappardelle con ragú y parmesano, y tagliolini alla parmigiana con trufa. Un tiramisú cerró el recorrido.

Los platos estuvieron acompañados por vinos de La Crema, bodega vinculada con regiones californianas de clima fresco, y Freemark Abbey, casa histórica de Napa Valley fundada en 1886.

La elección de Castelani resultó oportuna: la propuesta del chef Julián Martínez recorre las cocinas regionales de Italia mediante sus recetas, productos y técnicas. En esta ocasión, la comida también invitó a imaginar otro territorio, uno de montañas y senderos que busca convertir la hospitalidad y la gastronomía en parte esencial de la experiencia.

Más allá del invierno

Deer Valley es conocido por su oferta de esquí, pero East Village fue concebido como una comunidad peatonal de cuatro estaciones, con hoteles, residencias, comercios, restaurantes y espacios recreativos alrededor de una plaza central.

La expansión llevará el dominio esquiable a más de 2,306 hectáreas, distribuidas en diez picos, con más de 200 pistas y 32 remontes. También incluirá un área de aproximadamente diez acres anunciada como la playa de esquí más grande de Norteamérica, destinada al après-ski y a diferentes actividades durante el resto del año.

Cuando la nieve se derrita, los visitantes podrán practicar senderismo y ciclismo de montaña, asistir a conciertos en un anfiteatro al aire libre o realizar actividades acuáticas en el cercano Jordanelle Reservoir. El programa contempla más de 100 millas de rutas para caminata y bicicleta.

La oferta gastronómica también tendrá un papel relevante. El proyecto reunirá más de 70 establecimientos comerciales, incluidos 32 restaurantes y cafeterías, además de un mercado al aire libre y un festival de vino durante el invierno. La intención es que estos espacios reciban a residentes, huéspedes y visitantes de día, y acompañen distintos momentos de la estancia: una pausa después de una caminata, el encuentro al terminar de esquiar o una cena frente a la montaña.

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Crecer dentro de un entorno natural

La escala del desarrollo obliga a mirar con atención su relación con el territorio. Según la información presentada, más de 3,100 acres han sido preservados permanentemente mediante la Forty-Fifth Star Conservation Preserve, destinada a proteger hábitats de vida silvestre y espacios abiertos.

El proyecto también contempla la recuperación de terrenos afectados por la antigua actividad minera de Mayflower. Durante ocho años se han realizado trabajos de limpieza y recuperación ambiental en más de 440 acres, mientras que más de 50 millas de senderos de acceso público favorecen actualmente la conexión regional.

Estas acciones no eliminan las preguntas que acompañan a cualquier desarrollo inmobiliario de gran escala en un entorno natural, pero muestran que la conservación y la restauración del paisaje forman parte de la conversación.

Una relación cercana con México

La visita a Ciudad de México permitió reconocer el interés que East Village ha despertado entre los compradores nacionales. Según los materiales compartidos durante el encuentro, 22% de quienes han adquirido una residencia en Four Seasons Private Residences Deer Valley son mexicanos.

Four Seasons contará con 123 residencias privadas y un hotel de 134 habitaciones. La oferta se complementará con proyectos como Waldorf Astoria Deer Valley y Cormont at Deer Valley.

Su ubicación también facilita las visitas: East Village se encuentra aproximadamente a 40 minutos por carretera del Aeropuerto Internacional de Salt Lake City y a unos diez minutos de Park City.

Un proyecto rumbo a 2030

East Village ya comenzó a operar. El Grand Hyatt Deer Valley, inaugurado en noviembre de 2024, fue el primer hotel en concluirse y cuenta con 381 habitaciones y 55 residencias privadas. A este se sumarán Canopy by Hilton Deer ValleyFour Seasons Resort and Residences Deer Valley y Waldorf Astoria Deer Valley Resort and Residences.

La oferta se complementará con desarrollos residenciales como Cormont at Deer ValleyMarcella at Deer ValleyMarcella Landing at Deer Valley y Pioche Village. El crecimiento ocurrirá por etapas hasta 2030, cuando se prevé completar el conjunto con más de 800 habitaciones de hotel, cerca de 1,700 residencias privadas, comercios, restaurantes y espacios recreativos.

El reto será lograr que sus dimensiones no terminen por borrar aquello que vuelve atractivo al destino: su relación con la montaña y la posibilidad de sentirse cerca de la naturaleza.

La presentación en Castelani permitió asomarse a un proyecto que todavía escribe buena parte de su historia. Quizá su propuesta más interesante no esté únicamente en la cantidad de pistas, hoteles o residencias que llegará a reunir, sino en la intención de ampliar nuestra idea de unas vacaciones en la montaña. Porque después del invierno quedan los senderos, el agua, los conciertos, las mesas compartidas y un paisaje que también merece ser descubierto sin nieve.

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