Hablar de la Narvarte es hablar de una de las colonias con mayor identidad de la Ciudad de México. Sus calles llenas de árboles, los camellones que sobreviven entre avenidas cada vez más transitadas, las cafeterías de esquina, las cantinas de toda la vida y los restaurantes que se han convertido en instituciones forman parte de un escenario que ha aceptado el paso del tiempo y las transformaciones de la ciudad para mantenerse vigente.

Aunque hoy es reconocida por su oferta gastronómica, la historia de la Narvarte comenzó mucho antes de que se convirtiera en destino obligado para quienes buscan buenos tacos, mariscos o una cantina tradicional. La colonia empezó a desarrollarse a finales de la década de 1930 como un proyecto habitacional destinado a la creciente clase media capitalina. Sus amplias avenidas, jardines y casas con patios reflejaban la aspiración de una ciudad moderna.

Literatura, juventud y memoria urbana

Durante las décadas de 1950 y 1960, la Narvarte terminó de consolidarse como una de las colonias más representativas de la capital. Sus calles, parques y camellones fueron parte de la vida diaria de una generación que creció mientras la ciudad se expandía y transformaba a su alrededor. 

La narvarte. Foto por Laloixx

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No es casualidad que escritores como José Agustín la convirtieran en escenario de sus historias, retratándola como un territorio donde la juventud, la cultura y la vida urbana convivían de manera natural. La colonia también formó parte del imaginario de autores como Gustavo Sáinz y otros representantes de la llamada literatura de La Onda, quienes encontraron en estas calles una fuente constante de inspiración.

Los lugares que marcaron la historia de la colonia

La Narvarte ha sido testigo de algunos episodios que marcaron la historia de la Ciudad de México. Uno de los más importantes fue el antiguo Parque Delta, inaugurado en 1928 y posteriormente convertido en el Parque del Seguro Social, considerado durante décadas uno de los grandes templos del béisbol mexicano.

Tras el terremoto de 1985, el estadio adquirió un significado distinto al convertirse temporalmente en una morgue improvisada para identificar víctimas del desastre. Años después, el espacio daría paso al actual centro comercial Parque Delta, una transformación que muchos vecinos siguen recordando como uno de los cambios más significativos en la vida del barrio.

Foto de Pixabay

Otro de los símbolos de la colonia es el conjunto de la antigua Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP), cuya arquitectura y murales monumentales reflejaron durante décadas la visión de modernidad que caracterizó a la Ciudad de México de mediados del siglo XX.

Una colonia que se construye alrededor de la comida

Si algo ha definido históricamente a la Narvarte es su capacidad para generar comunidad. A diferencia de otras zonas que han vivido procesos acelerados de gentrificación, aquí todavía sobreviven negocios familiares, vecinos que se conocen desde hace décadas y espacios que funcionan como extensiones de la vida cotidiana.

La gastronomía ha sido una pieza fundamental en esta construcción de identidad. Restaurantes desaparecidos como la Hostería D’Rubí, Tortas Jorge o La Casa del Filete permanecen en la memoria colectiva como lugares donde se celebraban momentos importantes.

Al mismo tiempo, nuevas generaciones de emprendedores han encontrado en la colonia un lugar para establecerse. Cafeterías, bares, cocinas de autor y proyectos gastronómicos contemporáneos conviven con establecimientos históricos, creando una oferta diversa que refleja la evolución constante del barrio.

«Cucarachas» en Mi Gusto Es. Foto de Rodrigo Contreras

Una guía para recorrer la Narvarte desde sus historias

Más allá de sus calles y edificios, la Narvarte está hecha de relatos. Esa es precisamente la idea detrás de Mi gusto es andar en la Narvarte, una guía que propone descubrir la colonia a través de sus personajes, anécdotas y espacios emblemáticos.

La publicación reúne historias sobre algunos de los hitos históricos más importantes del barrio, rescata la memoria de restaurantes desaparecidos y documenta cantinas, bares y lugares de encuentro que han contribuido a construir el carácter de la zona. Más que una guía de recomendaciones, se trata de una declaración de cariño hacia una colonia que conserva un fuerte sentido de pertenencia.

Mi Gusto Es y Food Police celebran el espíritu de la Narvarte

La guía Mi gusto es andar en la Narvarte surge de la colaboración entre Mi Gusto Es y Food Police, dos proyectos que comparten una visión común: entender la gastronomía como una expresión cultural capaz de contar historias y fortalecer comunidades.

Food Police y Mi Gusto Es lanzan la guía «Mi gusto es andar en la Narvarte». Foto cortesía de Mi Gusto Es

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La participación de Mi Gusto Es resulta especialmente significativa. Fundado en la Narvarte en 2003 como un pequeño restaurante de mariscos estilo Sonora y Sinaloa, el proyecto creció junto con la colonia hasta convertirse en uno de sus referentes gastronómicos más reconocidos.

A través de esta iniciativa, Mi Gusto Es busca retribuir parte de lo que el barrio le ha dado durante más de dos décadas, mientras que Food Police aporta el trabajo de investigación y documentación que permite reconstruir la memoria de la colonia desde una mirada cercana y humana.

El resultado es una guía que trasciende lo gastronómico para convertirse en un testimonio de la vida cotidiana de la Narvarte. Una invitación a recorrer sus calles, recordar sus historias y comprender por qué este barrio sigue ocupando un lugar especial en el corazón de quienes lo habitan y lo visitan. Descárgala gratis en el Instagram de Food Police y Mi Gusto Es y descubre el lado secreto de la Narvarte.

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