
Por Ana del Castillo
No hay letrero grande, ni ventana iluminada, ni nadie afuera invitándote a pasar. Solo una puerta cerrada que hay que empujar sin saber muy bien qué hay del otro lado. Esa duda, de pie frente a la puerta, ya es parte del ritual: Pistilo no se anuncia, se descubre.

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Adentro cambia todo. Las luces bajan, la música se mezcla con conversaciones de gente que hace diez minutos no se conocía, y hay algo en el aire que se siente deliberadamente distinto a cualquier otro bar de la Roma. Es un stand-up bar: no hay mesas reservadas ni rincones privados donde encerrarte con tu grupo. Se para uno en la barra, junto a alguien más, y ve qué pasa. Ve solo, ve acompañado, da lo mismo: el lugar está pensado para que ambas cosas se sientan igual de naturales.
Coctelería de autor con acento mexicano
Nos sentamos en la barra y dejamos que el equipo nos guiara entre recomendaciones. Lo primero que llegó a la mesa fue el Ay Sí, un slushy de cereza con Mezcal Cenizo que se siente casi nostálgico, perfecto para arrancar la noche. De ahí seguimos con Mula Terca —sandía, jengibre y Espadín Barro, que cumple exactamente lo que promete—, luego Vampiro —toronja, limón, naranja y habanero ahumado con Espadín Barro, en vaso escarchado— y la Piña Chaya, que lleva la planta emblema de Yucatán en un blend de piña y Mezcal Bicuixe.



Lo que queda claro después de probar varios es que la coctelería de Pistilo es de autor, pero nunca se le olvida de dónde viene: cada trago tiene un destilado mexicano como columna vertebral y un toque de sabor profundamente mexicano, ya sea por la fruta, el picante o la técnica. No te puedes ir sin probar el Vampiro si te gusta lo cítrico y con carácter, o la Mula Terca si buscas algo fresco que no se sienta empalagoso.
Encuéntralos si puedes
El pistilo es el órgano reproductor femenino de las flores, y le pusieron ese nombre al bar en honor al agave, que necesita ser polinizado para reproducirse. Su principal polinizador es el murciélago, así que escondieron 17 por todo el espacio —el más querido se llama Tinky Winky y ya es mascota no oficial del lugar—. Nosotros encontramos apenas un puñado antes de perder la cuenta. Así que aquí va el reto: la próxima vez que vayas, con quien sea que te acompañe, intenten encontrar los 17 murciélagos durante tu estancia.

El protagonista llegó al final: el mezcal
Y aunque el mezcal ya había estado presente en cada trago de la noche, al final se lo dejamos sentir por sí solo, sin mezclar: es, con razón, el verdadero protagonista de Pistilo.
El bar trabaja directamente con un colectivo de 96 familias mezcaleras de distintos estados del país, sin intermediarios de marca. Cada botella que sirven tiene nombre, apellido y una historia de producción detrás, no una etiqueta genérica de anaquel, y eso se nota apenas se sientan a explicarte qué estás tomando.
Nos dieron a probar dos mezcales uno de aguacate de Michoacán y otro de chocolate de Oaxaca, ambos pasados por una tercera destilación que incorpora el ingrediente extra antes de embotellar. Fue una de las pruebas más memorables de la noche.

Y aquí hay mezcal para todos, no solo para quien ya se sabe de memoria las regiones y los agaves. Tienen destilados intensos, de esos que se sienten en el pecho, para quien quiera algo de verdad fuerte, pero también opciones más suaves y accesibles para quien apenas se está asomando a este mundo. Si nunca has probado un mezcal así, pide que te guíen: el primer sorbo se sostiene cinco segundos debajo de la lengua, luego un trago de agua, y a partir de ahí se disfruta distinto.
Ve también por el arte, no solo por el trago
Pistilo funciona igual de bien como galería que como bar. Una buena parte del proyecto está integrada por artistas y coleccionistas, así que lo que ves en las paredes y en el mobiliario no es decoración genérica: hay obras comisionadas específicamente para el espacio, junto a piezas de artistas ya consolidados, que dialogan entre sí. Todo está pensado para que el arte forme parte de la experiencia, no sólo como un telón de fondo, sino como el elemento que acompaña la noche.

La invitación
Algo que repite mucho en pistilo es que quieren que cada persona se sienta vista, querida y apapachada. Y la verdad es que se siente desde que cruzas la puerta, no importa si es con plan de quedarte toda la noche, sólo por un par de tragos; el lugar invita a bajar el ritmo, conservar y dejarte llevar por la experiencia.


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Más que decirte qué pedir, nuestra recomendación es otra: siéntate en la barra, platica con el equipo y date el tiempo de recorrer la carta. Hay clásicos de la casa que vale la pena probar, pero también hay espacio para dejarte sorprender. Y ya sabes: cuenta los murciélagos.
¿Dónde?
C. de Chiapas 208, Local 1, Roma Norte, Ciudad de México
Horarios: miércoles a lunes, de 6:00 pm a 2:00 am
IG: @pistilomx



