Por Ana del Castillo

Un antojo muy de Colima

En Tecomán, hay recetas que no se encuentran en libros, sino que se aprenden alrededor de una mesa compartida. Una de ellas, y quizá la más inesperada, nació de juntar dos antojos y dejar que la curiosidad hiciera lo suyo. Así aparecieron los entamalados: un antojo muy de Colima que pasó de ser un experimento casero a símbolo de la cocina colimense actual.

En este rincón de Colima, los entamalados no solo se preparan: se desean y se comparten. Hoy forman parte de la vida diaria del municipio, entre fondas, cocinas de casa y encargos especiales.

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Cómo se preparan

La receta parece sencilla, pero engaña. Todo empieza con tortillas de maíz que se pasan por aceite caliente hasta que se ablandan y toman ese brillo característico.  La carne de cabeza de res o cerdo llega deshebrada, suave, con horas de cocción encima. La textura que tiene solo se logra con tiempo y fuego lento, de esos que en las cocinas de Tecomán se practican con orgullo.

Lo que sigue es casi un ritual. Los tacos se acomodan, se bañan con salsa verde de esa que huele a cilantro recién picado y chile molido, y se envuelven en papel aluminio antes de entrar al vapor. Lo que sale de ahí no es taco ni tamal: es algo único, con identidad propia. Jugoso, suave, con ese sabor que solo da la combinación del tiempo y las manos que lo prepararon.

De la cocina a la mesa

Se sirven con lechuga, cebolla, cilantro y rábanos frescos. Los platos llegan al centro de la mesa para que cada quien se sirva a su manera: hay quien los come con salsa picante, quien les exprime limón, quien los deja tal como vienen porque así están perfectos. Cada familia tiene su versión y cada quien, con total certeza, jura que la suya es la mejor.

Nadie sabe exactamente cuándo ni cómo aparecieron.No hay documento que lo cuente, pero en Tecomán pocos lo llegan a cuestionar: la historia que se repite es la de alguien que un día juntó lo que tenía a la mano y sin proponérselo, inventó algo nuevo. De ahí en fuera, los entamalados solos se fueron abriendo camino: de la cocina familiar a la fonda, de la fonda a las fiestas del pueblo, y hoy hasta el punto de que muchos visitantes llegan a Tecomán preguntando por ellos antes de cualquier otra cosa.

Hoy forman parte de la vida diaria de Tecomán y se han ganado un lugar en el gusto de quienes viven y visitan este municipio. Probarlos, dicen los que los conocen bien, es una forma rápida de entender cómo funciona la cocina de Colima: sin miedo a mezclar, con un pie en la tradición y otro dispuesto a probar.

Al final, los entamalados no son solo un antojo. Son la prueba de que a veces los mejores platillos no se planean, sino que aparecen cuando alguien se atreve a improvisar y acierta.

Continúa: Crónicas de viaje: Manzanillo y su cocina cotidiana

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