El vino tiene miles de años saciando la sed emocional de quienes requieren la bendición de Baco para disfrutar del esplendor de sus encantos. Quizás sus efluvios son los que enamoran e inspiran la ideas que lo aterrizan en las letras, en el arte; tal vez son las frutas, la madera, el cuero, las mieles y los minerales, que al contacto con la lengua nos enamoran de tales sinfonías vertidas en copas disolviéndose con nuestra sed.

Este regalo de las vides llegó para quedarse con nosotros y seguir acompañándonos en nuestras historias; aquellas que se narran entre amigos al compás de las risas; en esos besos escritos en el diario de enamorados o como faro iluminando el sazón de la deliciosa comida con que lo maridamos.

Rioja es una región con una milenaria historia sembrada en los terruños que la conforman. Al pasar el tiempo, quienes la han trabajado y celebrado sus resultados, están detrás de la Denominación de Origen Certificada que hoy en día ostenta cada una de sus botellas. La nobleza característica de sus vinos se refleja en la afinidad para fusionarse con los diferentes sabores de las cocinas del mundo; México y nuestra vasta e inigualable gastronomía son susceptibles también de potencializarse al unísono en la mesa.

Tuve el privilegio de experimentar una cata en la Hacienda de Los Morales con vinos de DOCa Rioja. Entre las diferentes especialidades mexicanas que el chef corporativo Rodrigo Flores facilitó, atesoro los chiles en nogada de Puebla que brillaban en mi boca junto a la frescura, las manzanas y las cerezas contenidas en el vino Izadi Larrosa. Me declaro fanático de nuestro legado prehispánico al comer insectos; el toque singular del estado de Hidalgo con sus escamoles al epazote servidos en sopecitos, no pudieron intensificarse mejor que con el final afrutado y persistente de Monte Real Blanco; y la cochinita pibil hizo singular mancuerna con la nariz afrutada, floral y especiada de Sela 2012.

El presidente de la Asociación de Sommeliers Mexicanos, Marcos Flores y la sommelier Claudia Ibarra nos acompañaron en este recorrido por los sabores de México, coronados con vinos de DOCa Rioja. Entre cálidas remembranzas que aluden a la identidad cultural de la cocina; nos recomiendan aventurarnos en todo momento y explotar la libertad que gozamos para experimentar con la comida y el vino; juguemos sin censura porque en el maridaje nada esta escrito.

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