Tener antojo de chocolate es visualizarlo con la imaginación; a continuación viene una sonrisa pícara porque sabemos que nos lo comeremos en barra o bombón; lo beberemos en taza o formará parte de nuestro pastel de chocolate favorito. Independientemente de la presentación sabemos de sobra el resultado: alegría, bienestar, energía; entre muchas otros estados.

Los mayas tuvieron muy presente parte de las bondades del cacao; la mención en el Popol Vuh le atribuye fuerza, musculatura y efectos afrodisíacos. Pero ¿sabes a que se deben estos efectos?

El chocolate actúa como estimulante debido a la teobromina y en menor medida, la cafeína que también contiene. A su vez relaja los músculos. Es fuente de energía por la manteca de cacao y los carbohidratos que lo constituyen.

La feniletilamina y el triptófano son los autores de esa agradable sensación de calma y felicidad que vienen en cada mordida que damos a un buen trozo de chocolate. Si te preguntas cómo actúa nutricionalmente, éste nos aporta vitaminas y minerales; pero uno de los aspectos más importantes a la salud son los antioxidantes que contiene (cuatro veces más abundantes que en el té); por lo que no sólo nos mantiene jóvenes sino que también ayuda a prevenir ciertos tipos de cáncer asociados por la degeneración de los radicales libres a los que estamos expuestos a diario.

El profesor Kris-Etherton, de los Estados Unidos, descubrió que el ácido esteárico evita que el resto de grasas que contiene se dispare como colesterol en nuestra sangre. Cuando es mezclado con leche para aportarle textura y sabor, ésta aporta sus proteínas. Es importante recalcar que casi todos estos beneficios los aporta el cacao, por consiguiente, se reducen al adicionarle leche y azúcar. Recomiendo consumirlo oscuro.

Un chocolate de calidad se traduce en las mejores experiencias para nuestros sentidos. Sigue estos consejos para valorarlo: al apreciarlo debe lucir brillante, sin manchas blancas (éstas resultan por un exceso de calor y/o humedad). Al tocarlo tiene que sentirse liso, sedoso. En la nariz se debe experimentar la presencia del cacao, sin un exceso dulce. El crujido es seco en el chocolate obscuro, debe aminorar en el mezclado con leche y el blanco. ¡Y por fin! En la boca… sólo tú puedes determinar una calidad tan relativa y subjetiva como la infinidad de delicadas notas que posee cada chocolate y cómo las asociamos íntimamente con nuestros recuerdos y emociones.

¡Déjate apapachar con los encantos del chocolate! Ahora que sabes un poco más sobre la magia que provoca en nuestros corazones, pero eso sí… con moderación.

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