Durante las últimas semanas, diversos restaurantes de la ciudad han preparado espacios para quienes buscan seguir las transmisiones deportivas fuera de casa. Pantallas, promociones y ambientes temáticos se han convertido en parte de la conversación. Sin embargo, hay lugares donde el partido termina siendo apenas una parte de la experiencia. Fiamma Reforma es uno de ellos.

Ubicado en Paseo de la Reforma 390, este restaurante italiano aprovecha la temporada futbolera para recibir a quienes desean reunirse alrededor de una mesa, pero basta revisar su propuesta para entender que la cocina es la verdadera protagonista.

Desde su menú, Fiamma deja clara su filosofía: el fuego es un elemento esencial y transformador. La inspiración nace de la tradición italiana de la grigliata, donde familiares y amigos se reúnen alrededor de la mesa para compartir alimentos preparados al calor de las brasas. Más que un restaurante, busca convertirse en un espacio para la indulgencia, la conversación y el disfrute. La propuesta cuenta con la dirección culinaria del chef corporativo Abel Hernández, quien ha desarrollado una carta donde el fuego funciona como hilo conductor de la experiencia.
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Una terraza sobre Reforma
La experiencia comienza al subir a la segunda planta donde se encuentra el restaurante. El espacio se divide entre un salón interior y una agradable terraza cubierta por un gran tragaluz que permite la entrada de abundante luz natural. La vegetación suspendida, los tonos cálidos de la madera y un olivo que parece dominar el centro del lugar ayudan a crear una atmósfera relajada que contrasta con el ritmo acelerado de Paseo de la Reforma.

Durante nuestra visita, las pantallas transmitían uno de los encuentros deportivos de la jornada y las banderas de distintas selecciones decoraban el espacio. Sin embargo, lejos de sentirse como un sports bar, Fiamma conserva la personalidad de un restaurante donde la comida sigue ocupando el centro de la experiencia.

Otro detalle que llama la atención es la barra abierta donde se preparan tanto los cocteles como las pizzas. Desde la mesa es posible observar el trabajo del pizzero mientras estira la masa, distribuye la salsa e introduce cada pieza en el horno, una presencia constante que recuerda la importancia del fuego dentro del concepto del restaurante.
Del kampachi a la pizza
Para comenzar, ordenamos tres antipasti que permiten conocer distintas facetas de la cocina de Fiamma.
Los arancini, acompañados de mermelada picante de jitomate, ralladura de limón y miel de abeja, son ya uno de los clásicos de la casa. Crujientes por fuera y suaves en el interior, encuentran un agradable contraste entre el dulzor de la mermelada y la intensidad de su relleno.

La coliflor rostizada con tahini, gremolata, romesco, ralladura de limón amarillo y piñones fue una de las recomendaciones del equipo. Aunque la coliflor no suele ser el vegetal favorito de todos los comensales, la intensidad de la salsa y el tostado logrado por el fuego consiguen convertirla en una entrada equilibrada y llena de sabor.

Sin embargo, fue el crudo de kampachi el que terminó robando buena parte de nuestra atención. Servido con vinagreta de cítricos, flor de sal y chips de coles de Bruselas, llega servido en un espejo blanco donde flotan distintos aceites aromáticos. Su presentación resulta tan atractiva como su sabor, con un pescado de textura firme y delicada que encuentra en los cítricos un contrapunto refrescante. El resultado es tan bien logrado que terminamos acompañando cada bocado con trozos de focaccia para aprovechar hasta la última gota de la vinagreta.

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Pasta fresca y sabores reconfortantes
Entre los primi piatti elegimos el ravioli de ragú de estofado de res, servido con salsa cremosa de parmesano, vino blanco y trufa fresca.

La carne, cocinada durante horas hasta alcanzar una textura suave y desmenuzada, encuentra en la pasta fresca el vehículo ideal para expresar todo su sabor. La trufa aparece de manera discreta, aportando aroma sin imponerse sobre el resto de los ingredientes. El resultado es un plato delicado, reconfortante y muy bien ejecutado.

El risotto Barbabietola fue quizá la propuesta más llamativa visualmente de la comida. Elaborado con betabel rostizado, romero, pistache, gorgonzola y puré de pera, destaca desde que llega a la mesa gracias a su intenso color magenta. El betabel aporta personalidad al plato, mientras que el pistache suma textura y el gorgonzola incorpora una profundidad que equilibra el conjunto. Una combinación poco habitual que funciona mejor de lo que podría imaginarse.
El fuego también llega a la pizza

Aunque la carta ofrece opciones como pollo rostizado, camarones a las brasas, pescado a la sal o bistecca alla Fiorentina, para ese momento de la comida ya habíamos quedado más que satisfechos con las entradas y los primi piatti. Sin embargo, había un apartado que no queríamos dejar sin probar: las pizzas.

La selección merece una visita por sí sola. Entre las opciones encontramos propuestas con trufa, prosciutto y burrata, fungi, carnes frías o salchicha italiana, además de combinaciones menos habituales como dátil o calabaza pattypan. Para esta ocasión nos decidimos por la pizza de albóndigas gratinadas con mozzarella y salsa marinara.



La masa, cocinada al momento en el horno, presenta bordes inflados y ligeras notas tostadas que hablan de una cocción cuidadosa. Sobre ella aparecen pequeñas albóndigas cubiertas por salsa marinara, mozzarella fundida y queso parmesano recién rallado. Una pizza de seis porciones, pensada para compartirse y perfecta para acompañar una tarde de conversación.

Coctelería y un final dulce
La oferta líquida incluye tanto coctelería de autor como clásicos internacionales. De su autoría probamos un Nicoletta, elaborado con jarabe de maracuyá, Saint-Germain y vodka, además de un Paulette con pulpa de maracuyá, tequila y cerveza clara.



También optamos por los mocktails. El Lacio, preparado con pepino, lychee y soda, resultó especialmente refrescante, mientras que Sicilia, con maracuyá, frambuesa, jugo de naranja y soda, ofreció un perfil más frutal. Ambos demostraron que es posible disfrutar una buena experiencia de coctelería sin necesidad de alcohol.
Para cerrar, compartimos dos postres en media porción.
Los duraznos al grill con merengue horneado y un toque de grappa ofrecen un final ligero y elegante. El dulzor de la fruta, combinado con la cremosidad de sus acompañamientos, resulta suficiente para concluir la comida sin excesos.

El mousse de chocolate, en cambio, fue una de las mayores sorpresas de la visita. Quizá no sea el postre más fotogénico de la carta, pero su textura sedosa, el toque de aceite de oliva y la pizca de sal lo convierten en una opción que vale la pena pedir.

Mientras afuera la lluvia seguía cayendo sobre Paseo de la Reforma y el tráfico avanzaba con el ritmo habitual de la ciudad, dentro de Fiamma la conversación continuó alrededor de la mesa. Las pantallas seguían encendidas, pero para entonces el protagonismo ya se lo habían llevado el kampachi, la pasta fresca, la pizza recién salida del horno y una sobremesa que se extendió más de lo planeado. Al final, el partido fue solo el pretexto para descubrir una propuesta donde el fuego y la cocina italiana terminan ocupando el lugar principal.
¿Dónde?
Fiamma Reforma
Av. P. Reforma 390, col. Juárez, CP.06600, Ciudad de México.
Teléfono: +5255 3596 7878
IG: fiamma.rest
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