Es tiempo de vendimia, se acerca el momento de cosechar la uva y recordar, mediante una fiesta, la Fiesta de la Vendimia, lo importante que resulta contar con uvas de calidad para elaborar posteriormente los vinos.

La uva, considerada en la antigüedad como un auténtico don de dioses para otorgar a los hombres placer y deleite, ha sido objeto de las mitologías de diversas culturas: Egipto refiere al Dios Osiris, Grecia instauró el culto a Dionisios y las fiestas dionisiacas que le rendían tributo por cinco días, la cuales se caracterizaban por el bullicio y la alegría colectiva. Posteriormente los romanos dieron el nombre de Baco al dios Dionisios y las festividades en su honor recibieron el nombre de Bacanales. 

Durante la vigésima dinastía en Egipto, con Ramsés II, se acostumbraba que el primer día de la cosecha tuvieran lugar alegres fiestas como testimonio de gratitud a Osiris por la fertilidad de la Tierra.  Al paso de los siglos, se ha mantenido vigente la milenaria costumbre de celebrar la vendimia.

Sin embargo hoy el panorama parece un poco sombrío ante el cambio climático. Una de las consecuencias del calentamiento de la tierra es el cambio en los ciclos vegetales y animales. El vino, no queda al margen. El calentamiento global obliga a las especies a adaptarse a los nuevos escenarios actuando, así, como bioindicadores.

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Los climatólogos prestan cada vez mayor atención a estos cambios en la distribución y la biología de las especies, incluidas las que utilizamos en nuestros cultivos, siendo la vid una de las que está reaccionando de manera más clara.

Pero ¿qué pasa si la vendimia se adelanta un mes? 

Se produce una grave alteración del cultivo que puede incidir en la calidad del vino. Mientras aumenta el contenido en azúcar de la uva (lo que provocará un mayor grado alcohólico del vino) y se aceleran los cambios en el pH (lo que afectará a su acidez), las pieles y las semillas del grano maduran de manera más lenta, por lo que el tiempo de recolección tiende a llegar cada vez con menos margen de maduración de los racimos.

El problema es que si, tal y como recogen los modelos climáticos elaborados por los expertos, el avance del calentamiento global va a más, este desarrollo desigual se agravará hasta tal punto que puede imposibilitar la elaboración de vinos de calidad.

Si el verano es excesivamente cálido y no baja la temperatura en las noches, los vinos son más cortos aromáticamente ya que la uva pierde aromas. De ahí que cada vez se hagan más vendimias nocturnas cuando es posible para evitar esta pérdida de aromas en el momento de la vendimia.

Urge continuar con los programas de sustentabilidad que permitan revertir el efecto y continuar siendo respetuosos de la naturaleza.

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