En la entrega pasada pudimos adentrarnos un poco en la historia del amaranto y su paseo de 500 años por el anonimato. En esta ocasión tocaremos el tema desde una perspectiva botánica y compartiremos algunas recetas para rescatar a este alimento del olvido.

El nombre que se le ha dado al amaranto proviene del latín amarantus que significa, flor que no se marchita; de igual manera podemos encontrar algunas referencias en la India, donde se le conoce como rajgira (semilla rey) o ramdana (semilla enviada por Dios).

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En cada uno de estos nombramientos se hace referencia a la longevidad de la flor también conocida como panocha, propiedad que le permite ser utilizada como una planta de ornato (como ya bien lo mencionaba en la entrega anterior), pues no todas las variedades de amaranto son comestibles.

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Actualmente se tienen registradas cerca de 70 especies que son aptas para el consumo de las cuales, 40 se localizan en el continente americano. Dentro de estas especies podemos encontrar tres grandes variedades: hypochondriacus, cruentus y caudatus.

amaranto-quintonil

De las tres variedades la que se puede encontrar con mayor facilidad en México es la cruentus de la cual,  se puede consumir el grano y la hoja, mostrando la dualidad de la planta ya que se puede considerar al amaranto como cereal y como verdura.

La parte vegetal de este producto entra dentro de la clasificación de los quelites y es llamado quintonil. Como ya habíamos comentado, los quelites también fueron marcados por los estigmas sociales y su consumo se vio mermado, pero las tendencias saludables de la actualidad los han vuelto a traer a la mesa sacándolos así del olvido.

Los quelites en general son fuente importante de vitaminas y minerales, destacando el hierro; además son ricos en fibra, misma que estimula la digestión. Una ventaja es el ahorro que representan a la hora de su compra ya que son alimentos económicos, pero con un alto aporte nutrimental.

Por otro lado, el cereal también es una bomba de nutrientes, ya que contiene grandes cantidades de proteína vegetal, calcio, vitamina C y ácido fólico, siendo un gran suplemento a nivel dietético; esto se debe, a que con porciones relativamente pequeñas se pueden obtener abundantes cantidades de nutrimentos.

La dualidad que presenta este producto hace que sus aplicaciones alimenticias sean elevadas y que no se necesiten de recetas fijas para ser utilizados. Desde unos quintoniles salteados con un poco de cebolla y jitomate para hacer unos tacos, hasta el uso del grano en ensaladas.

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La mejor manera de preparar el amaranto es como más te guste. Al ser un producto que no se ha utilizado en mucho tiempo, la mayoría de las recetas surgen de la experimentación de platillos nuevos o las alteraciones de preparaciones tradicionales con el fin de obtener algo diferente.

Las recetas que propongo a continuación son dos platillos tradicionales fáciles de hacer y que te llenarán de energía: sopa de champiñones y quintoniles y alegrías de chocolate. Si el tiempo es algo que te limita para cocinar, estas ideas no serán problema por su corto tiempo de preparación.

Sopa de champiñones y quintoniles

  •       250 gramos de champiñones
  •       ½ cebolla mediana fileteada
  •       1 diente de ajo finamente picado
  •       2 manojos de quintoniles
  •       3 litros de caldo de pollo
  •       Chipotle al gusto
  •       Sal y pimienta

Sofreír la cebolla y el ajo hasta que adquieran un color dorado, agregar los champiñones y saltear por dos minutos. En una olla colocar la mezcla de champiñones con cebolla y ajo y agregar el caldo de pollo, una vez que rompa el hervor agregar las hojas de quintonil y el chipotle. Rectificar sazón y dejar hervir hasta que los champiñones estén cocidos.

Esta sopa es una excelente opción para la temporada de lluvias, no solo porque es agradable consumir un alimento caliente cuando vemos llover, sino también por el uso de productos de temporada como es el caso de los champiñones, ya que proliferan cuando aumenta la humedad del ambiente.

Alegrías de chocolate

  •       200 gramos de chocolate amargo
  •       30 gramos de miel de abeja
  •       200 gramos de amaranto

Fundir el chocolate a baño María o en el microondas procurando que no se queme. Una vez fundido y aún caliente, mezclar con el amaranto y la miel. Colocar en una charola papel encerado, verter la mezcla de amaranto y dejar enfriar hasta que solidifique. Ya que se ha formado un bloque sólido cortarlo en cuadros y servir.

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Bibliografía

Héctor, Bourges Rodríguez. (8 de junio de 2019). El amaranto en la alimentación humana. Una joya perdida. Conferencia llevada a cabo en el ciclo de conferencias Amaranto: comida cotidiana y ritual. Fundación Herdez. Ciudad de México

Mapes-Sánchez, E.C y E. Espitia-Rangel. 2010. Recopilación y análisis de la información existente de las especies del género Amaranthus cultivadas y de sus posibles parientes silvestres en México (informe final). Instituto de Biología, UNAM-Campo Experimental Bajío, INIFAP. CONABIO. México D.F.

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